Desiguales abrazos

 

Por Carlos Alberto Ospina M. (foto)

Hay abrazos que hacen el amor en 5 segundos de contenida respiración. Otros se ciñen a manera de tela adhesiva y dejan los poros sellados de emoción. Algunos se rompen y abandonan las manos en señal de irremediable capitulación.

Existen personas que se abrazan para cerrar pactos e individuos que, negocian con dinero, la displicencia de un organismo desconocido. La prostituta sigue la conducta lasciva y desampara, en la ¡puta calle!, a quien encalla en cualquier sórdida esquina.

El corrupto y el funcionario juntan los brazos para proyectar la empresa desfalcadora. Las Altas Cortes politiquean con el fin de sepultar el principio neutral de la justicia.

Trepadoras normas piden que se declare libre al histrión cegatón, a la vez que lo eximen de culpabilidad.  La acción contraria a derecho provoca la fiesta carnavalesca en medio de deliberados apretones.

El Plan Nacional de Desarrollo da vueltas al tronco de la Ley de Financiamiento encerrando modelos de tributación arbitrarios. Las cosas van y vienen en provecho de los gestores de esa legislación deshumanizante. Más abajo, sinfín de patas empalagosas saltan con facilidad. Predomina el espíritu de la contradicción.

Concurren abrazos ponderados, tranquilos y callados que enfatizan en el dolor de la retirada. Varios hablan de escasez de algo, denigran u ofenden a un segmento de los sentidos. A la sazón, germina la mentira tripartita entre la boca, la mejilla y el tronco. Estas partes desnaturalizan la llave que abre la puerta interior.

Sin fondeadero persisten las uniones ventajosas, las reapariciones empobrecidas, los discursos efectistas, las promesas desgarradas y la gestión narcisista de diferentes alcaldes. Así lucen el pelo y los motivos ridículos, gente ajustada a la falsedad.

Hombres sin caridad atraviesan la sala de espera, mientras que los afligidos bordean la esperanza de atención urgente. Piadosos cercan la oración y aguardan el tardío dictamen. La primeriza envuelve la barriga retorcida de dolor y el ebrio se agarra a lo que puede.

¡No tienen precio! Los estrujones de quienes regresan después de muchos años, el viaje sin retorno de los padres o la primera audición musical de la hija. En aquel momento, un abrazo puede sanar, corregir, ayudar a perdonar o anticipar la desilusión. La nota verbal de dos cuerpos entrelazados sólo amenaza a la indiferencia. En vano, unos intentan evaporarse sin la secuela de tocar el ánimo de alguien.

El corazón roto, grita; el solitario, anhela; el acongojado, disfruta; el hipócrita, lacera; el alegre, reanima; el tenso, desvincula y el amoroso, desnuda el alma.

A veces, el abrazo irreverente pone los ojos en blanco y hace perder la brújula en una especie de episodio de desprendimiento terrenal.  Las pisadas imperceptibles terminan el recorrido detrás de uno, con ambas manos cruzadas, encima del abdomen. Por lo tanto, es inviable moderar la solidez de tal pasión.

Escoger el tipo de vivencia, acompañar la sensación, disponer el lienzo y sentir cada trazo único de los abrazos humanos. Salvo la ineludible muerte o una enfermedad, nadie puede apresar la mente.

Enfoque crítico – pie de página. Es mejor imaginar la actitud vigilante que, arruinar el momento, a causa de la decisión alcahueta de la Corte Constitucional de permitir en el espacio público, el consumo de licor y de sustancias sicoactivas. Abrazar el “libre desarrollo de la personalidad”, bajo la supuesta sombrilla progresista e incluyente, se parece más al acto “garantista” irresponsable y nocivo que a la defensa de un derecho prevalente. El fallo incrementará el deterioro social, la adicción, el poder de las organizaciones criminales, el microtráfico, el lavado de activos y la violencia en el territorio nacional.

Tumbar los artículos 33 y 140 del Código de Policía es un dictamen “desproporcionado” por parte de la Corte. A estos aforados constitucionales se les está yendo la mano en sinnúmero de sentencias.