Crónicas de un observador

 

Por: Federico Duque Posada.

Cuando me escogieron para formar parte de la Misión de Observación
Electoral en las elecciones generales del vecino país de Panamá, nunca
pensé que sería una de las mejores experiencias de mi vida, y no, no estoy
exagerando.
Quienes somos unos apasionados por la política y el mundo electoral, al
salir a un país distinto a conocer su cultura votante disfrutamos al
máximo cada situación, a pesar de Panamá ser un país de tan pocos
habitantes comparado con nuestro país tiene una de las democracias más
firmes y más sólidas de América Latina.
Cabe anotar que el porcentaje de votos nulos es del uno por ciento, y la
abstención para votar es del 18%. Esto demuestra que las personas en el
país del canal, se toman en serio sus decisiones democráticas.
Las personas pueden acercarse a su puesto de votación con toda la
indumentaria de su partido, sin ningún inconveniente, causa gran
sorpresa que sean las personas de la tercera edad las que mayor empatía
demuestren con sus ideologías políticas.
Otro de los sucesos que llama poderosamente la atención es que apenas
culmina la votación y el proceso de escrutinio, los votos son introducidos
en un barril con gasolina para quemarlos y así, quedan como soportes de
la elección, unas actas que son firmadas por veedores de partidos
políticos y autoridades electorales.
Luego de esto, quedan varias conclusiones y reflexiones personales,
creería este columnista que en Panamá debería haber una segunda vuelta,
puesto que el Presidente, quedó ganador con menos del dos por ciento de
diferencia sobre su contendor.
Además de esto, al momento de solicitar un reconteo, se hace de acuerdo
a las actas y no a los votos depositados en las urnas, por lo tanto se

pueden generar suspicacias importantes respeto de las papeletas
electorales.
El ser miembro de una misión electoral es un honor que pocas personas
pueden ostentar y que el portar un chaleco es un orgullo que genera un
sentido de pertenencia supremamente importante, agradecimiento a cada
uno de los compañeros de misión que me ayudaron a crecer personal e
intelectualmente.