22 enero, 2021

Primicias de la política, empresariales y de la farándula

Crónica # 60 del maestro Gardeazábal: Atizando envidias y venganzas

@eljodario 

Esta pandemia nos ha desnudado como el huracán a los árboles de Providencia. El tapabocas parece habernos uniformado. Los trabajos de oficina se convirtieron en caseros. Los conciertos de grandes artistas no se siguieron dando ni siquiera en diferido para no hurgarnos la herida del recuerdo. Las presentaciones en teatros y bares de músicos de orquesta o de cantantes, tampoco y no parece que pudieran volverse a dar ni dentro de 8 meses, cuando el dueño de la peste, don Bill Gates, vaticina que dejaremos de recibir malas noticias. Pero nos hemos adaptado. Hemos vuelto al computador, el you tube, a Mr Google, el zoom y el meet y el team, las herramientas necesarias para poder recordar, así sea con nostalgia, o para aprender sin tener que asistir a clases y conferencias. Pero como comprar un computador vale más de millón y medio. Como tener señal, aunque sea para el celular no es factible para muchos colombianos. Como pagar datos es casi imposible para familias en donde el trabajo escasea más que los pájaros en Providencia después del huracán. Pero sobre todo como los profesores de los colegios privados sí pudieron tener acceso a todas las plataformas y perendengues y a la fuerza se ajustaron a la modernidad y a las carreras a las nuevas técnicas y metodologías de enseñanza y los de los colegios y escuelas públicas, es decir los de Fecode, se quedaron garbateando por sus prebendas pero nunca hicieron huelga para pedir línea de internet para las escuelas rurales o computadores por familia para sus alumnos de las barriadas de las grandes ciudades, la pandemia ha profundizado la brecha educativa en Colombia a límites increíbles de medir mientras sigamos usando tapabocas. 

Si ya era evidente la diferencia entre los que enseñaban y estudiaban en ciudades grandes donde hay planetarios y zoológicos, herbarios y mariposarios, malokas y exploras, bibliotecas y museos, ahora, cuando los que tienen con qué acceder a los datos y al computador y a la red se distancian de los que en municipios o veredas perdidas no lo poseen y todavía los maestros batallan porque les reemplacen los pupitres o les arreglen las baterías sanitarias de sus escuelas, la brecha la ha ahondado terriblemente la pandemia. Los maestros de Fecode se quedaron bien atrás porque ni el estado los preparó para las nuevas modalidades ni les dio instrumentales. Y los alumnos que se dan cuenta que no pueden competir con los ricos o con los citadinos se llenarán de envidia y utilizarán la única herramienta que los desvalidos han usado a lo largo de la historia de este país tan desigual: la venganza.  

Escuche al maestro Gustavo Alvarez Gardeazábal.