11 Julio, 2020

Primicias de la política, empresariales y de la farándula

Crónica #44 del enchuspado maestro Gardeazábal: Se le salió otro cajón al escaparate

@eljodario

Difícil trance el que pasa Colombia. La cara de desvalido del ministro Holmes frente a las persistentes investigaciones de Semana así lo revela.

Decidida la revista de Gabriel Gillinsky desde hace varias semanas en mostrar el ejercicio antidemocrático del Ejército, cuando buena parte del país estaba esperando que destaparían las acciones de la Policía, puesto que han sido  más protuberantes porque fueron demostradas por generales, Contralor y Procurador y además  el país astuto las sospecha en cada pueblo, salió Holmes  con cara de sorprendido.

No importa que los llamados abuelitos por la Casa de Nariño sigamos hasta el 31 de mayo encerrados y que la cuarentena mal que bien tenga restringida hasta el hambre en un país que se deja hacer de todo.

No importa el clima de angustia de una nación que no entiende si el método medioeval del aislamiento sirve o no para parar esta maldita peste.

Lo cierto es que irrespetando el dolor y la angustia nacionales, SEMANA insistió en mostrar los oficios marginales del Ejército y en callar los Montes Everest de la corrupción en la Policía puesto que buscaban el resultado de encartar al ministro y mostrar al país que, como hace Fox News en USA, son los Gillinsky los que ponen y quitan ministros y comandantes del Ejército y quizás presidente.

La cara de asombro del ministro parece más del teatro de Ionesco que aprendió en la Universidad del Cauca. No hay otra explicación si se valora su actuación ante la posibilidad de que saliera la segunda parte del informe investigativo de la revista.

La Casa de Nariño, de pronto, y a solo 24 horas del nuevo escándalo, recordó que podía echar generales, coroneles y mayores. Sin embargo hubiese sido mejor que, con la misma capacidad de hurgar y chuzar de sus uniformados, tuvieran un verdadero general de contrainteligencia y un equipo de escarbadores uniformados tan verracos que hubiesen sido capaces de  haberse adelantado a los de la revista de Gillinsky, que les habían mostrado la trocha cuando hicieron la primera denuncia hace meses. No le pararon bolas y ahí tienen el resultado.

Otro cajón más del escaparate de la República ha rodado por el suelo y la idea que nos dejan, no es que se trata de unas manzanas podridas, sino de que la peste de la sinvergüenzada regada por todo el aparataje uniformado no tiene límite.

Escuche al maestro Gustavo Alvarez Gardeazábal

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