27 octubre, 2021

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Crónica # 187 Del maestro Gardeazabal: La ignorancia de la historia

@eljodario 

Siempre nos dijeron y nos lo repiten todavía con arandelas judías para que no se olvide, que las persecuciones y masacres que ordenó Hitler eran fruto de su personalidad esquizoide o de las de algunos de sus lugartenientes que a veces aparecían más locos que el señor del bigotito. 

Esa falsedad no podía derrumbarse hasta la semana pasada, cuando el gobierno de la señora Merkel reconoció públicamente que la maldad de los alemanes para con los seres que consideraron o consideran aún como inferiores, viene de atrás. Admitió el gobierno de Berlín que entre 1904 y 1908 los ejércitos alemanes aplicaron sobre los herero y los nama, antiguos habitantes de lo que hoy se llama Namibia, los mismos métodos de segregación, persecución y aniquilamiento que Hitler y sus nazis iban a usar 30 años después.  

Al hacerlo, Alemania buscando el perdón de la historia, pagará una suma milmillonaria en euros a los pocos sobrevivientes de ambas etnias. Y calladamente reconocen que sus ancestros y comportamientos cuando Hitler y los nacionalsocialistas no fueron gratuitos sino heredados culturalmente. 

Lo mismo puede estarnos pasando por estos días en Colombia, y como cuando dos afluentes convergen, se aumenta la dinámica de la evolución política.  

Quienes nos gobiernan viven demostrando con su ineptitud y falta de mando que no han leído historia. Y quienes pretenden cambiarlos desde unas barricadas desordenadas, sin jefe y sin ideología identificable hasta ahora, apenas si tienen formación de titulares de Twitter. Pero como a falta de dos corrientes ignorantes de la historia confluye una tercera también, los desesperados por la inacción gubernamental y el daño de la Resistencia tomaron las armas para defender el CAI de Ciudad Jardín en Cali, y lo hicieron creyendo a pie juntillas que las soluciones de fuerza que vieron desarrollarse en su juventud durante la Colombia traqueta son las únicas válidas. Como todos esos factores se han unido, los ignorantes de la historia llevan al país a la hecatombe alimentando una hipotética guerra civil.  

Tal vez por eso no había quien recordara que el Palacio de Justicia incendiado en Tuluá fue fruto de la indemnización sinvergüenza que los gringos pagaron por habernos robado el Canal de Panamá en 1903, como ahora lo hacen los alemanes con Namibia. 

Por supuesto, nadie de quienes atizaron el fuego en el Palacio de Justicia de Tuluá sabía del origen maldito y miserable de esa plata. La historia ya no se enseña en las escuelas y colegios.

Escuche al maestro Gustavo Alvarez Gardeazábal.