20 septiembre, 2021

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Crónica # 213 del maestro Gardeazábal: Ganador de todos los premios

@eljodario 

Va a cumplir 60 años. Lo estoy leyendo desde los principios de la década de los 90 cuando mi fallecido biógrafo Roberto Vélez Correa, entonces profesor de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Caldas, me trajo “Saide” una novela de la que no se volvió a saber nada pero que en su momento me impactó porque era una novela negra, escrita en Manizales y contada con suavidad londinense. De allí en adelante lo he leído a saltos porque la humildad que lo caracteriza o la sapiencia que destila por encima de la bata de médico que uno se imagina que nunca se ha puesto (es doctor en Medicina), le ha impedido subir los escalones de la promoción que todo escritor provinciano se ve obligado a hacer para que si no lo leen al menos sepan que existe en el mundo intelectual. Lo curioso es que, según Wikipedia, el médico manizalita Octavio Escobar, a quien nunca ha cebado ni pastoreado una editorial haciéndolo suyo, se ha ganado 9 premios literarios de distinta índole y acaba de llevarse el décimo, uno de 10 mil euros, por un libro de poemas en la isla de Gran Canarias. Podría decirse que no le caben más premios y que como tal debería ser un autor leído, pero no es así.  

Cuentista consumado, estruja los tiempos y los espacios para suavemente sacar un producido narrativo que no cansa jamás pero que tiene el defecto insalvable de no quedar en la memoria del lector. Novelista de una y otra clase de relatos, ha preferido las narraciones cortas y cuando descubrió un personajón como Tony Flowers para hacer una obra de aliento, se fue más bien a hacer otro libro delicioso que tiene todas las características bondadosas que se le escaparon a los demás: “La lámina más difícil del álbum”, una obra enmarcable, que quizás porque haya sido escrito para jóvenes preadolescentes o porque en cualquier momento de la vida los seres humanos necesitamos recordar poéticamente aquellos días de la infancia sin los sufrimientos ni las angustias de los adultos, el librito (solo 80 páginas) impacta muy favorablemente. 

Octavio Escobar, monógamo, provinciano, siempre con la sonrisa incrustada en su rostro, ha envejecido como pocos, llenándose de premios literarios y, sin salir de su Manizales del alma, tal vez escribiendo mucho mejor cada día, le pasan los años. (Opinión). 

Escuche al maestro Gustavo Alvarez Gardeazábal.