1 marzo, 2021

Crónica # 108 del maestro Gardeazábal: Nos castraron mentalmente

@eljodario  

Lo que estamos viviendo por estos días de pandemia, y aceptando como si nada, es el mejor ejemplo de la castración, por ahora espiritual y anímica, que los nuevos dueños del mundo han logrado hacernos.   

No necesitaron sino sus inyecciones de pánico, su negativa a buscar antídotos contra la peste y dar rienda suelta a su enloquecida carrera por conseguir la mayor tajada de los 8 mil millones de clientes potenciales que asustados vamos a buscar la vacuna como tabla de salvación para dejarnos emasculados mentalmente.  

Ha sido tan apabullante lo que nos han hecho, que la más significativa gestión humana, la de los ritos funerarios, fue suspendida de un tajo y ni el más izquierdista de los anarquistas se ha rebelado contra esa absurda medida.  

Todos los antropólogos y arqueólogos que han estudiado la evolución del ser humano coinciden en afirmar que se adquiere la noción de civilización cuando se comienza a rendir culto a los muertos. Se afirma, con huellas de carbono, que los neandertales pusieron flores sobre un cadáver en una cueva de Irán, en la remota historia humana. Muchos han explicado que fue la idea de que la muerte no era el final de la existencia sino más bien un tránsito del mundo de los vivos hacia un reino espiritual lo que fue constituyendo los ritos funerarios. Pues bien, han sido tan atrevidos los dueños del nuevo orden mundial que se han inventado la manera de convencer a todos los gobernantes del mundo, y por ende hacernos obedecer a todos, que los ritos funerarios debían ser suspendidos porque traspasaban el contagio de la peste de covid. Salvo el atrevido funeral que hicieron en un país de Suramérica para enterrar a su ministro de Defensa y el que abusivamente montaron miles y miles de ortodoxos judíos israelíes para abarrotar sin tapabocas cuadras enteras mientras acompañaban el sepelio de un excelso rabino, las ceremonias fúnebres fueron suspendidas en todo el orbe. Los velorios dejaron de realizarse y en las pocas iglesias abiertas apenas si dejaron entrar a la más mínima parte de los que podrían estar a la hora del ceremonial de los muertos.  

Si una civilización entera se deja empanicar y obedece las órdenes policiales camufladas de sanitarias, de no permitir acompañamientos para celebrar la más antigua tradición humana, la de los funerales, es porque no tiene derecho a seguir existiendo como civilización. Cerremos entonces este negocio llamado Tierra, apaguemos la luz y vámonos para lo más profundo del agujero negro, así dejamos solos a la media docena de gestores del nuevo orden mundial que necesitan, para seguirse enriqueciendo, que el planeta esté vacío de gestos y rituales y de esa manera corroboren con los bolsillos llenos que son los verdaderos dueños del mundo.

Escuche al maestro Gustavo Alvarez Gardeazábal.