La puesta en escena generó grandes expectativas, pero tuvo resultados más modestos de lo que se esperaba.
Cuando poco antes del amanecer de este martes el líder de la oposición en Venezuela, Juan Guaidó, transmitió un mensaje acompañado de un grupo de militares llamando a los ciudadanos a salir a las calles, muchos pensaron que la crisis política venezolana podría llegar a un desenlace en cuestión de horas.
No era para menos.
Guaidó hablaba desde las afueras de la base aérea de La Carlota, una importante instalación militar ubicada en un lugar estratégico de Caracas.
Estaba acompañado de Leopoldo López, el más emblemático de los dirigentes políticos venezolanos apresados en los últimos años, quien acababa de ser liberado por los funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), responsables de su custodia.
Transcurridos unos tres meses desde que Guaidó se proclamara como «presidente encargado» de la República y acusara al mandatario Nicolás Maduro de estar usurpando el poder, parecía que finalmente la oposición venezolana podría lograr su anhelado objetivo de que la Fuerza Armada Nacional (FAN) le prometiera lealtad. (Lea el análisis).
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