18 enero, 2026

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

¿Crisis de la izquierda o su desaparición histórica?

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Por Darío Ruiz Gómez 

Dos acontecimientos han servido para colocar contra la pared a lo que especialmente en Colombia, por pereza mental, seguimos llamando Izquierda: la caída del brutal régimen de Maduro y el levantamiento de las mujeres en Irán.

Alguien argumentará que ni siquiera gramaticalmente  se puede reconocer categoría política al chavismo y al madurismo que más que una dictadura pasaron a ser demostraciones de barbarie más cerca de un Boko Haram o de aquel sanguinario intento de Califato que asesinó igualmente más de 10.000 católicos de una antiquísima iglesia.

La brutalidad, volvamos a repetirlo, es la fase final de un tipo de violencia que se justificó bajo argumentos de redención de los grupos oprimidos por el colonialismo y la miseria, pero que al perder toda conciencia sobre sus límites ya no sabe lo que se ha sobrepasado y entra de lleno en los desmanes de la brutalidad por la brutalidad caso del ELN y las FARC.

El sadismo de los Comandos de la Frontera sobrepasa las brutalidades de los cuerpos de “defensa de la revolución” madurista. El infame espectáculo de ocho millones de exiliados no se produce solo por hambre como parece a simple vista sino como el uso de la brutalidad desbocada de unos esbirros. Y la Izquierda populista colombiana apoyando a Hezbolá y proclamando su antisemitismo ha terminado por justificar la brutalidad.

¿Qué queda entonces de los principios de la llamada Izquierda humanista, supuesta defensora de la libertad, del progreso moral ante el espectáculo circense que nos está dando el Pacto Histórico y la solapada izquierda que calladamente ha impuesto la dictadura del Pensamiento único en la educación escolar y en la educación Universitaria?

Cuando astutamente se impone el multiculturalismo como se ha hecho en Colombia se niega la diversidad al negar y sobre todo perseguir el pluralismo, base de la democracia, imponiendo el igualitarismo y no el derecho a la igualdad que son dos conceptos distintos. Que nadie piense por sí mismo que para eso está la constituyente que permite hoy que una persona que no ha terminado el bachillerato sea Canciller o embajadora. A estas alturas como queda claro en Venezuela la aridez mental, el cainismo sustituyen a la política para encubrir las nuevas formas de degradación de la justicia, la entrada de un gobierno en el narcotráfico y el panóptico como símbolo del odio a la libertad y a la inteligencia.

Tenemos que volver a la lucidez de Ortega y Gasset para entender cómo se desfigura el concepto de pueblo cayendo en el plebeyismo que es lo característico de cada uno de los actores de la farsa madurista y de nuestros populistas colombianos.

El nombre de Izquierda es lo de menos ya que decir que Iván Cepeda, pongo un ejemplo, es el candidato de la ética, no solamente constituye una broma sino el despropósito de quienes, eludiendo la autocrítica, solamente tratan ahora de aferrarse a un puesto burocrático sabiendo que ya no existen, precisamente por falta de ética.

Ética sería haber metido a la cárcel a los mayores asesinos de nuestra historia, las Farc un proyecto de barbarie al cual Cepeda ha defendido durante los dieciséis años que ha pasado sentado en el Congreso bajo la paranoica obsesión de meter en la cárcel al mayor enemigo de las FARC, el Dr Uribe.

¿Ética quedarse callado ante estafas como lo del llamado Ministerio de Igualdad donde se han robado el dinero de las mujeres humildes, humilladas o el robo del Ministerio de Salud con miles y miles de humildes gentes sometidas al sufrimiento físico y a la muerte?

A buscarse entonces un Partido donde confluya su totalitarismo disfrazado porque en un sistema democrático ya no tiene cabida.