Ciudadano del mundo

Por Adriana María Cardona López

acardonalópez@hotmail.com

Si abandonáramos esta sociedad moderna y nos trasladáramos a un mundo donde las fronteras no existan y como un peregrino sentarnos en las gradas de una Ciudad soñada donde los placeres son placeres, no gula y que la lengua es libre y no controlada.

Donde la fe y la oración sirvan para todas las religiones y que las pasiones sean arrojadas a un caldero en cuyo fondo se encuentre un espejo atrapa almas y las convierte en sabiduría.

Una mente brillante me encontré en el camino sin paz interior y de pensamientos malignos y me trató de enseñar cómo se liberaba el alma y que al adversario había que combatirlo de la mano para no generar más violencia; en efecto le di mi confianza y este atrapó mi alma; pero con un discurso más que discreto alcé vuelo en busca de las pasiones que habían sido arrojadas al caldero que atrapaba almas.

Y siendo ciudadano del mundo me encontré con un monje de aspecto magnánimo y me indicó que en el mundo existían amos llamados monarcas regocijados que con los tributos del pueblo llenan sus sacos de oro privilegios de superioridad cultural sin límite y que se debía de acabar con sus bondades ejercidas por tradición, conveniencia y modernidad pretextos para perpetuarse en el poder.