Álvarez Gardeazábal

@eljodario

Por Carlos Jiménez

Publicada en El País, Cali

https://www.elpais.com.co/opinion/columnistas/carlos-jimenez/alvarez-gardeazabal.html

Gustavo Álvarez Gardeazábal  ha logrado superarse a sí mismo. Cuando ya creíamos agotada su caja de sorpresas viene y nos da una mayúscula inaugurando su propia tumba. Y no con su cadáver, como lo haremos cualquiera de nosotros, sino antes, cuando todavía está vivito y coleando y dando lora sin pausa en la prensa y en la red con sus comentarios de panfletista impenitente.

Está visto que no puede con el genio y de tiempo atrás estaba buscando un terreno en el que aún no hubiera desencadenado la polémica. Yo daba por supuesto que los había agotado todos, porque he sido testigo prácticamente de todas sus provocaciones. Incluida la que quizá haya sido la primera que realizó en público y que fue la que me permitió enterarme de su existencia.

Ambos cursábamos estudios en la Universidad del Valle -él de Letras y yo de Arquitectura- y a mí, junto con un compañero de militancia de ingenierías, se nos ocurrió izar la bandera del Vietnam en la plazoleta central de la sede del barrio San Fernando. La rectoría nos sancionó al mismo tiempo que sancionaba a Álvarez Gardeazábal por haber colgado en la cartelera de la Facultad de Filosofía y Letras una apología de la homosexualidad que enumeraba a grandes figuras de la cultura de Occidente que lo habían sido, empezando por Platón y terminando, creo recordar, en Oscar Wilde.

Después vino la novela en la que se burlaba de los líderes del movimiento estudiantil del 71, el paseo en elefante durante la campaña para hacerse con la alcaldía de Tuluá y la de izar cuando ya era alcalde la bandera colombiana a media asta, en protesta por el desembarco de una compañía de marines en Juanchaco con el pretexto de construir una escuelita. Y su negativa a someterse al cambio de horario impuesto por el presidente Gaviria. También recuerdo cuando, ante la pregunta de un periodista que dudaba su aptitud para ser gobernador del departamento, respondió que “él no pensaba gobernar con el culo sino con la cabeza”. Y su llegada a la Gobernación con una estatua del flautista de Hamelín en las manos para dejar claro que la pensaba “limpiar de ratas”.

Aunque lamenté mucho no haber podido aceptar la invitación a inaugurar su tumba en el cementerio San Pedro de Medellín, sé que tarde o temprano la visitaré. Y lo haré porque quiero corroborar o corregir la impresión que he sacado viendo las fotos de que el escultor podría haberlo hecho mejor. Gardeazábal lo merecía.