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Por José León Jaramillo J.
En sÃntesis, muy apretada, he de afirmar que recientemente, los chilenos, los ecuatorianos y los colombianos, sufrimos la arremetida de grupos vandálicos, dirigidos por las guerrillas urbanas cubanas, al punto de que los chilenos sufrieron la pérdida de veintitrés compatriotas y atendieron a más de 2.200 heridos, sin que podamos olvidar que esos grupos delincuenciales les destruyeron el metro de Santiago, con pérdidas que superan los tres mil millones de dólares. ¡Qué forma de ayudarles a las clases menos favorecidas!
Los colombianos sufrimos la destrucción parcial de Transmilenio, cuyos costos superan los cincuenta mil millones de pesos, la destrucción de la sede del Icetex y la violación de todos los derechos de las mayorÃas opuestas a los paros violentos, cuyos perjuicios son multimillonarios.
Los daños vandálicos ni aquà ni en Chile han cesado y la mayorÃa de la población no está del lado de los vándalos y el que diga lo contrario o miente o no le consulta al común.
Todos somos conscientes del manejo más que prudente, pero muy débil, dirÃa yo, de la PolicÃa Nacional, humillada por la presión de organismos extranjeros ideologizados como la ONU , que pretenden que nuestros policiales no puedan defenderse siquiera, mientras esos organismos guardan silencio cómplice frente el accionar vandálico y criminal de las guerrillas castristas.
Fuimos testigos de que Dylan murió uniformado, encapuchado, transgrediendo la constitución y ley, atacando a la fuerza pública y no en el ejercicio de su derecho constitucional a protestar pacÃficamente, pues Dylan era un violento y los videos asà lo prueban plenamente. Todos vimos esos vÃdeos y pudimos comprobar que esa muerte fue absolutamente accidental y ahora el señor Alberto Brunori , el nuevo representante de la alta comisionada de la ONU para los derechos humanos, faltando a la verdad, mintiéndole al mundo, acusa maliciosamente, de mala fe, a nuestra PolicÃa Nacional de haberlo ejecutado; es decir, de haberlo ajusticiado o asesinado dolosamente y sin fórmula de juicio, ello sin que los jueces naturales del oficial investigado, se hubieren pronunciado siquiera; declaraciones con las que el extranjero vulnera los derechos constitucionales a la defensa y a la presunción de inocencia del policial encartado, a la vez que con esos ataques al estamento policial justifica el accionar de los vándalos, la destrucción de Transmilenio, del Icetex y todos los destrozos que sufrieron nuestras ciudades; vándalos a los que él por admiración y respeto ni siquiera menciona. ¡El mundo al revés!
Ese funcionario no tiene un pelo de imparcial y mucho menos de objetivo. No es un hombre serio, está asumiendo competencia que no le corresponde, porque él no tiene por qué juzgar y condenar al oficial que se acusa de haberle causado la muerte a Dylan y mucho menos debe ejercer presión indebida sobre sus jueces naturales para que lo condenen, porque ello es intervenir en los asuntos internos del paÃs y, por lo tanto, deberÃa ser expulsado de Colombia con el mismo carácter con el que los bolivianos expulsaron a unos diplomáticos españoles, defensores de las tiranÃas castristas.
Su propuesta, la de proponer que la PolicÃa Nacional se separe del Ministerio de Defensa para adscribirla al Ministerio del Interior, hace parte de una dañina campaña de difamación, calumnias y propaganda hostil, para criminalizar a la fuerza pública colombiana y minimizar o desconocer el accionar violento e ilegal de las narco guerrillas castristas.
Campaña que nos está conduciendo, poco a poco, a una guerra civil entre los colombianos, para que puedan pescar en rÃo revuelto los extranjeros expoliadores.
Esa propuesta infame, la de separar a la policÃa del ministerio de defensa, solo busca materializar el viejo sueño de los mamertos, el de dividir a nuestras fuerzas armadas, al Ejército y PolicÃa, para debilitarlas enfrentándolas y alcanzar tres objetivos: a) Politizar e ideologizar a la PolicÃa; b) facilitar el accionar criminal de las guerrillas narcotraficantes y c) implementar la polÃtica de corrupción para la fuerzas del orden, la que permitirá que se pueda feriar entre los polÃticos y los uniformados el multibillonario presupuesto de esa gran institución, la que el comunismo internacional se comprometió a destruir con el estiércol del diablo, con dineros públicos, como lo hicieron en Venezuela.
¿Presidente, dos preguntas: ¿qué nos han dejado Rusia y Cuba a los colombianos fuera de sangre, dolor, lágrimas y muertos? ¿Cuándo va a romper usted relaciones con Cuba y con Rusia?
Mientras Cuba y Rusia sigan interviniendo, tan descarada y abusivamente en los asuntos internos de Colombia, no podremos alcanzar nunca la tan anhelada Paz.
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