Algún día habrá humanidad (Páramo de Berlín, Santander)

A esta hora de este día unos 300, 400, 500 venezolanos cruzan el camino de Cúcuta a Bucaramanga a diez grados bajo cero

Por Ricardo Silva Romero.

El País de Madrid.

Pero lo que está pasando es esto: que a esta hora de este día unos trescientos, cuatrocientos, quinientos venezolanos cruzan el frío insoportable e inmisericorde del Páramo de Berlín, diez grados bajo cero en el camino de Cúcuta a Bucaramanga, con el ansia de llegar a alguna parte en donde puedan ser las personas que fueron antes del régimen siniestro. Está ocurriendo esto: que si no fuera por la solidaridad de quienes tienen el don de ver el viacrucis ajeno, si no fuera por los estrujones y los sánduches y las ropas de doña Juana, doña Leonor, don Iván, don Pastor, don José Luis, los caminantes venezolanos sufrirían y morirían más.

Está pasando que, por líos de presupuesto o por miedo a los vigilantes estatales, las autoridades están haciendo muy poco —ni Acnur está sirviendo— para aliviar el drama. Y esto es ya lo peor que podía pasar. Y está empezando aquí la xenofobia.

Dice la brillante doña Leonor, una venezolana asilada en Pamplona, que hubo gente que vaticinó estas escenas del fracaso humano —gente que predijo la elección democrática de la tiranía, el empobrecimiento de la sociedad, el reino tambaleante de la versión oficial, la violencia brutal, la degradación de la degradación, el éxodo—, pero que es el momento de augurar que un buen día dejará de pasar. Celebra la alegría caribe de los venezolanos: su entereza para seguir adelante, para reírsele a la tragedia en la cara, para recibir la ayuda de los colombianos que entienden que aquello de que somos iguales no es un anhelo sino un hecho. (Lea el informe).