20 septiembre, 2021

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Al oído y en voz baja… Las lágrimas de cocodrilo de Santos en la Comisión de la verdad…

@JuanManSantos @AlvaroUribeVel

  • Se puede odiar o simplemente no aceptar a Juan Manuel Santos, no solo como ministro sino como presidente de Colombia. Pero, lo de ayer ante la Comisión de la Verdad es de quitarse el sombrero.

  • Cínico, mentiroso, melodramático, pero, con una tranquilidad digna del mejor estadista y con la frialdad de un vengador que espera pacientemente la oportunidad para caerle a su presa, le asestó una puñalada a su otrora mecenas de la cual ni siquiera el propio Uribe ha sabido que responderle. (Dibujo Santos al oído).

  • Aceptó todo lo ocurrido en los asesinatos perpetrados por las fuerzas del Estado, en los llamados “falsos positivos”, cual delincuente atrapado en flagrancia que se defiende con el argumento de que cometió el delito por cuenta de terceros.

  • La sinceridad de que “eso nunca ha debido pasar” es bastante cuestionable. Basta recordar la citación que tuvo que enfrentar en el 2006 por cuenta de los entonces senadores Juan Manuel Galán y Cecilia López quienes fueron acusados por el propio Santos de “estar mal informados” y de “querer arruinar la carrera de los dos oficiales”.

  • ¿Que él era un subalterno? Pues sí, pero, un subalterno que defendió a su jefe hasta que renunció, no porque le dolieran las víctimas ni las madres de Soacha y ni siquiera porque sentara una posición contraria a estas prácticas que se sucedieron a sus espaldas y por culpa de otros, sino que renunció para preparar su campaña a la presidencia, precisamente, gracias a su jefe.

  • Ahora, a quienes piensan que los asesinatos llamados “falsos positivos” se acabaron en el 2009 con la salida de Uribe de la presidencia, hay que recordarles que durante el mandato de Santos también se siguieron presentando. Véase los informes del CINEP. Entonces, ¿de estos quién responde?

  • El mea culpa de Santos no solo llega tarde, sino que recuerda aquel condenado a la horca por haber asesinado a sus padres gritando… tengan piedad de este pobre huerfanito.