@eljodario
Colombia es un paÃs con un perfil intelectual muy especial. Los economistas se viven equivocando en sus apuestas sobre cifras futuras, pero no lo hacen mal contando sus historias autobiográficas.
Hace unos meses comentaba aquà el libro de Rudolff Hommes, el exministro de Hacienda. Ahora circula EJERCICIOS DE MEMORIA, del antiguo codirector del Banco de la República y escritor de más de un texto sobre la conformación económica de la historia colombiana Salomón Kalmanovitz, quien siempre se ha confesado marxista en sus apreciaciones, pero pocas veces ha seguido los procedimientos de la religión judÃa a la que pertenece.
El académico barranquillero ha escrito un libro divertido hasta en las pendejadas que cuenta, pero muy vergajo y contundente cuando perfila personajes con los que tuvo que actuar.
La historia de su vida, y de sus dolencias gastrointestinales, son la historia de las mujeres con las cuales ha convivido y alcanzó a formar hogar aunque el que tenÃa con Silvia Duzán se lo arrebataron las balas asesinas que lo dejaron viudo y traumatizado para siempre.
La narración de sus posiciones ideológicas es tan atollada de vaselina para que a estas horas de la vida no lo acusen de revisionista ni de haber perdido el tiempo con el partido Socialista y los argentinos embaucadores que le quebraron las patas a los neo troskistas colombianos, que ya se leen como historietas de comics. Acusado por las Farc de camaleón, solo se limita a despachar a sus crÃticos con que se siente orgulloso de haber poseÃdo la capacidad de cambiar de pensamiento, de estilo y de amigos a lo largo de su vida. Pero eso sÃ, reconoce la influencia de Weber en su manera de juzgar la evolución económica del mundo, cobra por ventanilla la flojera polÃtica e intelectual del Flaco Sánchez, valora justa y gratamente al exministro Camilo González y describe, con el lenguaje que le hace falta en otras partes del libro, la bellaquerÃa de la escritora Laura Restrepo, compañera de viaje en aventuras polÃticas y en quién sabe cuáles otras más, hasta hacerle ver al lector que la ganadora del Alfaguara es primero un ser abominable que una literata.Â

Un libro que puede interesar a quienes hemos sido sus fieles lectores de sus mamotretos académicos iluminantes o de sus siempre picantes y contundentes columnas periodÃsticas, pero que deberÃan leer por obligación quienes aún sobreviven de nuestra generación y nos hicimos en la cátedra universitaria como Kalmanovitz.


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