8 febrero, 2026

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

El nuevo relativismo moral

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Por Darío Ruiz Gómez

“Claro, reconocen el profesor, la intelectual “progre”, que los “levantados en armas” cometen masacres contra el pueblo, pero no olvidemos la crueldad de los romanos, de la sociedad colonial inglesa” Un sofisma tan grande como una casa para eludir la responsabilidad que les corresponde ante la violencia que en Colombia se ha convertido en espectáculo gracias a este relativismo moral. A este cinismo es, recordemos, a lo que se califica como “la mala conciencia burguesa”, característica de ese estrato social que se ufana de su identificación con “la lucha contra el Estado burgués”, lo cual constituye una clamorosa contradicción, ya que si fueran verdaderamente leales a estos enunciados habrían abandonado la cómoda vida que llevan y hoy estarían pudriéndose en el monte. Hubo un momento en que las clases ilustradas de Colombia se declararon “izquierdistas” señalando a quienes no están de acuerdo con ellos como bichos raros por seguir creyendo en la civilización cristiana, en leyes universales de justicia. Ejemplo de la intolerancia de la llamada social bacanería es el veto contra el más grande filósofo que haya dado Colombia y cuyo pensamiento es reconocido universalmente, me refiero a Nicolás Gómez Dávila, acusado, sin leerlo, de individualista, de anticomunista, manidas acusaciones para condenar a quienes no piensan como ellos, a quienes criticamos el borreguismo de los que Dávila llama revolucionarios de fines de semana.

“El hombre es historia -Ortega y Gasset dixit- y no naturaleza” recuerda que quien vive en una sociedad manipulado por los medios de comunicación e informado tanto de lo que acontece en Gaza como en Venezuela no puede devolverse, insisto, a la supuesta inocencia de lo ancestral ya que inexorablemente la crispación social y sobre todo la ideología política nos ha convertido desgraciadamente en seres históricos. Observo a esta pareja a la cual conocí cuando eran jóvenes universitarios antes de que ciegamente se entregaran a la “Revolución”, me doy cuenta de que lo que los envejeció prematuramente fue el haber convertido en mesianismo lo que no era más que una hipótesis política la cual terminó por alienar su cerebro al eludir las contradicciones de la vida. Las lecciones que nacen del conocimiento de la historia -para no volver a repetirla- es darse cuenta de que la historia no es lo que sucedió en el pasado si no lo que está sucediendo en el presente y las infamias que la ciudadanía venezolana padeció se han vivido y se continúan viviendo en Colombia, solo que en bajo la confabulación del silencio tal como lo podemos constatar con la irresponsabilidad de muchos magistrados, con el sainete diario de la clase política, con la falsa neutralidad  de los medios de comunicación sobre la barbarie que está padeciendo el pueblo colombiano y con la  irresponsabilidad de las llamadas élites de la  izquierda ilustrada  que ahora, después de haber contado con cuatro años de gobierno para cambiar al país combinando “las distintas formas de lucha” – dos millones de colombianos en el exilio, un millón desplazado, secuestros, atentados – piden que se frene a la Derecha y se continúe con el farcismo de Cepeda, Aída Avello, Carolina Corcho, Isabel Zuleta, Clara López, Sanguino o sea el mismísimo Partido Comunista FARC EP esta vez camuflado de “Pacto histórico”.