Por Enrique E. Batista J. Ph. D.
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El segundo martes de cada febrero es el «Día Internacional de Seguridad en Internet», que en 2026 tiene como foco la «Seguridad Digital para Educar en Tiempos de IA». No debe ser uno más de esos días que se conmemoran a diario. La ciberseguridad es un asunto serio y prioritario en el diario actuar, en el ir y venir de cada uno.
Son muchos los riesgos que se corren en el mundo digitalizado. Nadie está exento de los serios peligros que se tienen. Estos riesgos son amplios y no están alejados los gobiernos y tampoco las grandes empresas, a pesar de las fuertes inversiones que hacen en seguridad informática. Pero también tienen una amenaza constante sobre su seguridad los adultos y, en especial, los niños y los más jóvenes que, con inconsciencia programada, de manera irreflexiva y automatizada, se sumergen en los remolinos de las aguas turbias y tormentosas de la cibernavegación.
El riesgo es permanente. La amenaza surge desde el momento en que se enciende el computador, el celular o al abrir el correo electrónico. Son conocidas, entre muchas otras, las amenazas con virus y malware, secuestros de identidad, robo de datos personales y de dinero, ransomware, phishing, acoso sexual y de otra índole y el bloqueo de servicios (conocido como DoS). Se presentan a diario una exposición a altos riesgos de ciberacoso, a discursos de odio, a teorías de conspiración, al tráfico sexual de menores, a la discriminación racial, a las violaciones a la privacidad, al reclutamiento de menores y a la exposición a ideologías extremistas. (https://shorturl.at/U4Hck).
Seguro le gana a confianza. Internet fue construido como una red para facilitar la comunicación y el intercambio de información entre seres humanos. Fue concebida para la recreación, para el aprendizaje, para la solidaridad e intercambios creativos. Fue creada como una red de valía universal, sin dueño alguno; una red abierta y libertaria en donde todos podrían intercambiar información útil para el ejercicio de la ciudadanía, para acceder o diseminar recursos valiosos y construir ambientes interactivos que facilitaran la globalización de la libertad, la creación y el acceso igualitario a recursos digitales. Fue construida para fomentar una educación de alto nivel, mejorar el acceso a los servicios de la salud, proteger el medio ambiente y crear redes académicas, pedagógicas y científicas.
Al lado de esos propósitos importantes mencionados pulularon, como plaga fuera de control, las iniciativas de utilizar esta Red global para diversos propósitos, algunos manchados de perversidad. Internet no fue creada para el engaño, ni tampoco como un centro universal digital para variedad de negocios legales e ilegales. Internet fue concebido como un lugar de confianza para todos; fue pensado como un espacio con abundancia de ambientes digitales seguros para todos. Convicción que ha sido desfigurada por algunos con intereses particulares, llevando con estrategias de comunicación torcidas a que la inmensa mayoría navegue en Internet de manera desprevenida, llena de inocente confianza, desconociendo los amplios riesgos de seguridad que se corren al emplear la amplísima variedad de recursos disponibles.
La oportunidad la pintan calva. Pero semejante y poderoso recurso de fácil acceso creó en muchos la iniciativa de apropiarse de Internet y de configurarlo a su amaño y conveniencia como una red global de emprendimientos de la más variada índole. Internet, que en su concepción inicial debió ser un lugar de encuentro con seguridad para todos, un espacio con recursos para que los niños y los estudiantes de todos los niveles educativos pudiesen acceder a tan potente recurso de manera libre, lejos de los hoy abundantes riesgos que amenazan la integridad de ellos tanto física como mental. Internet ya no es un lugar seguro para ningún ser humano. La maliciosa maldad, y seguramente el conjunto de los pecados capitales, asechan a los indefensos cibernavegantes, convertidos ahora en presa y mercancía fácil para grandes empresas tecnológicas y otras no tan grandes. Abundan en Internet los abusadores, los tramposos y secuestradores de mentes, los perfiladores de cada humano para su conveniencia, y los asaltadores de la identidad personal.
La confianza se otorga, pero la seguridad se construye. Es preciso recordar esta máxima, porque muchos, con ignorancia deliberada o no, omiten las advertencias y las reglas para cuidar la seguridad en el mundo digitalizado. Si la seguridad no se construye, existirá para muchos el secuestro de sus mentes como acción confiscadora de la voluntad que lleva a la necesidad patológica de estar siempre conectados.
No hay peor ciego que aquel que no quiere ver. La ciberseguridad es un requisito para el buen vivir, para ser libre. Cuidado se debe ejercer para reconocer que la ceguera digital es inducida por aquellos que, con efectivas estrategias, tan diversas como la impropiamente denominada «ingeniería social», moldean la motivación de las personas y les impiden superar la creencia ciega, inducida en las mentes del número abrumador y creciente de víctimas, de que se está en el mejor de lo mundos, de que no hay riesgos, de que cada uno está debidamente protegido o que puede protegerse fácilmente con uno u otro aplicativo digital.
Guerra avisada no mata soldado y, si lo mata, es por descuidado. La anticipación, las precauciones y la prevención son claves para evitar peligros y daños. Ante las abrumadoras experiencias y evidencias de los efectos negativos por omitir elementales reglas de ciberseguridad, no debe ocurrir que el descuido, la omisión deliberada y el complejo de inmunidad siga causando daños a muchos, en especial a niños y jóvenes. En la guerra por el control ciberespacial de mentes y voluntades, la iniciativa y la ventaja son de los otros soldados mejor armados. El descuido o la ignorancia matará a muchos.
Más vale prevenir que curar. En lugar de que la certeza y la verdad sean superiores a la sumisión, se han creado núcleos humanos en donde el sometimiento, la subordinación y la obediencia ciega corren contrario a los principios libertarios que orientaron a Internet desde sus inicios como un bien social, cultural y universal que requiere ser apropiado y protegido por todos, lejos del control de quienes, por distintos medios impropios, controlan mentes, economías, gobiernos y, con ello, el secuestro de la inteligencia de infantes, niños y jóvenes. Todos ellos son conducidos a rehuir la verdad, a negarla, a ocultarla, a no ser solidarios, a que, como en el «síndrome de Estocolmo», se cree una alianza y defensa del violentador. También son inducidos a rehuir el aprendizaje y el cuidado en la Red, y a eludir la seguridad personal y colectiva que debe estar siempre presente para prevenir las heridas cada vez más presentes y amenazantes en el mundo ciberespacial. Así, como el sabio adagio lo ordena: «Es mejor prevenir que curar».
La ignorancia es atrevida. El embrutecimiento deliberado enriquece a otros. Es preciso acrecentar con convicción que de eso tan bueno, y tan gratis, no dan tanto. La ignorancia es atrevida, y el cultivo de esa ignorancia, por parte de controladores de sitios web, plataformas, redes sociales y aplicativos, es parte fundamental del negocio de estos y del control para beneficios de unos pocos.
Si no se aprenden y se aplican las normas de ciberseguridad, «amanecerá y veremos» y «apague y vámonos».


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