5 febrero, 2026

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En recuerdo de Don Leo: Festitango 2026

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Fernando Vera Angel

Por Fernando Vera Angel 

fernando.veraangel@gmail.com

Fue @ElProfeSpitaletta quien me provocó con un trino en su cuenta de X para que yo asumiese la cruzada de buscar que esa propuesta suya cuajase.

Mi primera motivación para apecharme del asunto fue la profunda admiración que siempre tuve y mantengo por don Leo. Mis recuerdos, con inusitada frecuencia evocados, me trasladan a diferentes momentos vividos con él a lo largo de esos años durante los cuales puedo considerar que existió un conocimiento interpersonal; por ello, con ímpetu moceril, asumí el reto de buscar que la Alcaldía o el Concejo de Medellín tomasen la decisión de nominar el Festival de Tango 2026 con su nombre: Leonardo Nieto Jardón.

Poco más de medio año llevo en esas.

Aproveché encuentros casuales con funcionarios del área cultural del Distrito en el marco de las Fiestas del Libro y la Lectura. Pedí citas. Regué la bola de mi interés entre colegas. En estas estoy, sin dar el brazo a torcer, a la espera de lo que pase con mi desinteresada tozudez.

Sebastián López Valencia, expresidente del Concejo de Medellín, quien entendió el asunto cuando lo visité, me direccionó a quienes pueden y deben dar la última palabra: Natalia Londoño y Cristian Cartagena.

De todos mis pasos siempre mantengo informada a Marcela, una de las dos hijas del querido restaurantero y promotor de los ritmos argentinos en nuestra ciudad, a quien no conozco personalmente, sólo que el empresario cinematográfico Óscar Mayungo, cercano como pocos a don Leo,  un día nos puso en contacto a raíz de un libro mío reciente en el cual presento un perfil detallado del argentino que se afincó en la capital antioqueña y fungió de facto como el mejor cónsul que Argentina jamás soñó en sitio alguno.

Esa empatía constante hacia Don Leonardo Nieto es mucho mayor de la que pueda sentir por El Zorzal Criollo, pintoso cantor y actor franco argentino, de dentrífica sonrisa, quien sin querer le ocasionó a mi padre una amonestación policial cuando pretendió ingresar de pantalón corto al Circo Teatro España para verlo y oírlo en vivo y en directo.   

Hablo de don Leo, claro que sí. De ese señorazo que el 27 de enero de este 2026 cumpliría 100 años de vida. Aunque no alcanzó a vivirlos, pocos calendarios le quedaron faltando, pero sus logros son los de alguien que hubiese superado esa centuria vivencial. ¡Y con creces! Murió el 20 de junio del pandémico 2020.

Traigo a cuento al mismísimo propietario del emblemático Salón Versalles de Junín, que fundara en 1961 y mantuvo hasta su fenecimiento a unos metros del histórico parque Bolívar, lugar en donde con éxito lo preservan sus herederos.

Me refiero al mecenas de La Casa Gardeliana, hoy museo de interés para los tangófilos, el mismo mentor del Primer Festival de Tango Ciudad de Medellín, realizado en 1968 y reeditado en forma exitosa en 1970, 1971 y 1973 con su actuación personal directa para el lustre de tales ediciones. En estas versiones Medellín se dio el lujo de contar con la presencia de los más encumbrados letristas, vocalistas y directores de conjuntos y orquestas tangueros: Aníbal Troilo, Edmundo Rivero, Susana Rinaldi, Tito Lusiardo, Armando Moreno, Atilio Stampone, Dino Ramos, Horacio Ferrer. Se apartó a medias del manejo de este festival por exigencia de sus negocios personales, pero secundó a quienes lo mantuvieron hasta 1985

Aludo al promotor de la Asociación Gardeliana. La incubó junto a Hernán Restrepo Duque, Hernán Caro, John Vallejo Ríos, Jesús Vallejo Mejía, Gustavo Montoya Toro, Rodrigo Isaza y Jaime González, un puñado de afiebrados por el legado de ese mito que trasciende fronteras y épocas a partir del siniestro en el aeropuerto Las Playas de Medellín el 24 de junio de 1935. Un mito que los cuchos se empeñan en preservar, ante la indiferencia o el desconocimiento de las nuevas generaciones. Igual que a los franceses les sucede con Edith Piaff o Maurice Chevalier. A los gringos con Frank Sinatra y Elvis Presley. A los británicos con Los Beatles y Freddy Mercury. A los mexicanos con Jorge Negrete, Pedro Infante y/o Javier Solís. A los venezolanos con Alfredo Sadel. Y a los argentinos con Sandro y con ese Morocho del Abasto, a quien algunos apasionados con su voz cada día que pasa le escuchan cantar mejor y en su pretensión de mantenerlo vigente realizan celebraciones con una u otra excusa.

Nieto por décadas fue presidente honorario de este engendro sobre el cual hubo miradas y mares de tinta en países donde el tango suscita atención en lo melódico, en lo vocal y en lo bailable. Y lo fue también de una entidad análoga existente en México.  

Medellín, pese a la heterogeneidad de alcaldes que ha tenido en las últimas cinco décadas, ha sabido mantener, con altas y bajas, ese muestrario cancioneril que tiene como telón de fondo la fecha en que pereció calcinado el hijo de doña Berta Gardés, nacido en Toulouse, Francia, el 11 de diciembre de 1890 y quien llegó a comienzos del siglo veinte a Buenos Aires acompañando a su madre, quien consiguió su sustento como planchadora de ropa de familias adineradas porteñas mientras él se hacía a unos duros como mandadero, cargador de bolsas, tipógrafo, relojero, voceador de diarios, utilero de teatro y tramoyista. La obligación de ayudarla económicamente hizo que muy joven suspendiera sus estudios escolares y en 1910 empezara a dejarse oír en cafés bonaerenses. El Francesito le decían y fue por esas calendas cuando cambió la s final de su apellido por la l.

Quedan clarísimas las razones por las cuales el Festival de Tango Distrito de Medellín 2026 debiera llevar el nombre de Leonardo Nieto Jardón, el “emprendedor” -así dirán hoy- que vino a conocer la ciudad donde murió su cantante favorito y de la que nunca más emigró.  

En su honor vale la pena la denominación en esta oportunidad de la tanguera convocatoria mediañera. Esta vez y cuantas más se realice.