El señalamiento del periodista, escritor y editor antioqueño tiene su fundamento en la profunda tristeza de ver lo que ha sucedido con su último libro de fotografías Cámara discreta.
El volumen es una antología de retratos de escritores, artistas y personajes de la vida nacional, publicado en 2025 por el Fondo Editorial EIA y el apoyo de las empresas antioqueñas Comfama, Confiar y EstudioSieteLegal Abogados.
Sin embargo, el libro Cámara discreta se ha prestado para que, quienes tienen que ver con su distribución, venta y difusión, lo veten por distintas razones. Lo paradójico es que la censura viene de ambos extremos ideológicos en los que la polaridad enfrenta ahora a los colombianos.
En la Universidad de Antioquia, por ejemplo, las librerías del campus no lo quisieron recibir para su distribución por el motivo más baladí de todos: un retrato de Álvaro Uribe joven, durante su primer mandato. Una razón absurda tratándose de un claustro que es de por sí universal, de conocimiento y formación humanística. ¡El moderno Index Librorum Prohibitorum de la vieja iglesia católica en manos de nuestros libreros analfabetas!
En el otro extremo, en la Gobernación de Antioquia, que lo iba a financiar mediante el apoyo de la FLA y el IDEA, el director del Instituto Departamental de Cultura impidió que se publicara con otro argumento todavía más pueril. “Nosotros, que estamos en una batalla cultural por las ideas (¡!), no podemos permitir que circule un libro que contenga fotos de guerrilleros y escritores de izquierda…”, fue la explicación asombrosa del funcionario para no autorizar su edición.
Lo triste de todo es que un amigo suyo, el ideólogo del gobierno departamental y del uribismo, le dijo al autor, en un almuerzo privado, que el director tenía razón, porque el libro estaba lleno de comunistas. ¿Quiénes? Miren algunos: García Márquez (premio Nobel de Literatura 1982), Sergio Ramírez, Mario Benedetti, Ernesto Sáato, Carlos Monsiváis, Juan Manuel Roca, Carlos Gaviria, Alberto Aguirre, Ernesto Cardenal, Laura Restrepo, Enrique Buenaventura, Enrique Santos, Antonio Caballero…
Lo que no miraron es que también estaban, si nos atenemos al criterio de los nuevos censores colombianos, personajes como Fernando Vallejo, Mario Vargas Llosa (premio Nobel de Literatura 2010), Juan Rulfo, Camilo José Cela (premio Nobel de Literatura 1989), Jorge Luis Borges, Gay Talese, Arturo Pérez Reverte, Alessandro Baricco, Manuel Mejía Vallejo, Álvaro Gómez Hurtado, Darío Ruiz Gómez, Juan Luis Mejía, Fernando Savater, Cees Nooteboom, Mario Rivero, Víctor Gaviria…, es decir, una pléyade de gente inteligente, sensible y, de ninguna manera, los militantes de ningún extremo ideológico, los unos y los otros, sino, todo lo contrario, los creadores y favorecedores del “partido de la inteligencia y el arte” de la humanidad, independiente de sus preferencias políticas.
El asunto con estos novísimos Catón y Goebbels paisas, le recordó lo que en 20019 también sufrió con otras librerías de Medellín, cuando publicó en Ediciones UNAULA la novela ilustrada La última cena de San Pablo Escobar, del artista bogotano Gabriel Caldas. Varias tiendas, entonces, no recibieron el libro para su venta porque “no querían saber nada de Pablo Escobar”.
Es decir, la moral, el odio, las broncas, puestos por encima de la obligación y la misión de posibilitar el conocimiento de la realidad y la producción artística de autores reconocidos en el medio.
“Angustia saber que la tirria, el rencor, son los que están gobernando la vida de nuestros compatriotas. Como en la primera mitad del siglo veinte, que los conservadores y liberales fanáticos no podían verse ni saludarse, por orden de la iglesia, así están ahora los colombianos en los comienzos de un milenio que pensábamos iba a ser más civilizado…”, concluyó Jairo Osorio a los amigos con quienes compartían la mesa. “Ni el arte se salva ya”, concluía sentencioso.
La queja aún daba para mucho porque, decía Osorio, el problema que espera para los próximos días será mayúsculo con los fanáticos de la izquierda y el progresismo liberal, cuando salga a circulación su nuevo libro:Cuba, una fiesta innombrable. Una investigación de veintidós años en la que hace “un corte de cuentas” con la dictadura castrista.
El prólogo del libro lo hizo Marco Rubio, el secretario de Estado de EE. UU. Pero hasta eso, incluirlo o no en la edición, lo está pensando el autor, porque ya algunos amigos le han advertido que el preámbulo del político republicano lo alinearía mucho con el exilio cubano de Miami y la extrema derecha americana, en tanto otras amistades lo urgen que lo haga por el momento político que se vive.
Juan Paz apenas escuchaba desde un asiento vecino, lamentando el clima de pesadumbre que ensombrecía al escritor y colega, aunque curioso con la próxima obra de Jairo Osorio.



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