29 enero, 2026

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

El monólogo de Petro en Panamá: un caos conceptual que nos hace sonrojar

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Jose Obdulio Gaviria

Por José Obdulio Gaviria 

En el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026, organizado por la CAF en Panamá, Petro nos regaló con su consabido espectáculo de verborragia interminable.

Sus argumentos fueron tan desordenados que uno termina preguntándose si el guion lo escribió en un tiovivo. Mientras otros líderes prepararon discursos precisos y bien estructurados, Petro improvisó un soliloquio que arrancó con la clásica disculpa: “trataré de ser breve, pero me cuesta”.

Lo que siguió fue un laberinto de filosofadas abstractas, repeticiones obsesivas sobre “vida y libertad”, y tangentes históricas que poco o nada tenían que ver con un foro económico ni con la realidad histórica. Comenzó citando a Samuel Huntington (y hasta preguntándose dónde estaría el autor), para proponer, en vez del “choque de civilizaciones”, un “diálogo entre civilizaciones” que lleve a la “hermandad humana y paz”. De ahí saltó a afirmar que América Latina es una civilización que “no cubre toda América” y abogó por un “pacto por la vida y la libertad”. Luego pasó al narcotráfico como “enemigo multinacional” y armó un cóctel internacional de villanos: latinos, albaneses, franceses, mexicanos y hasta suecos.

Criticó la extracción de oro por mafias, el bombardeo imperialista a Caracas, presumió de haber reducido la pobreza en Colombia para 2 millones de personas y remató asegurando que Bolívar murió de una “crisis electrolítica por falta de agua y amor” y que si hubiera ido con Manuelita a Santa Marta, se habría salvado.

El torbellino de palabras era imposible de seguir: la naturaleza como “verdadera riqueza”, la transición energética, un tribunal contra el narcotráfico y una reunión pendiente con Trump. Las ideas se perseguían unas a otras sin alcanzarse nunca, con repeticiones como un disco rayado: “pacto”, “hermandad”, “emancipación”… Y llegó el clímax del absurdo: en medio de su oda a la unidad geográfica, Petro declaró que el centro de las Américas “atrae a las especies animales, atrae a las especies humanas”.

¡“Especies humanas”! ¿Hablaba de biología, migración o una nueva teoría evolutiva? Esta perla encapsula el desorden: un lapsus que va de lo poético a lo ridículo, provocando risas contenidas en la audiencia y dejando a los colombianos con una vergüenza ajena que quema como el sol caribeño.

El discurso de Petro fue como sus tuits de medianoche: una retahíla de ideas sin sentido, ridículas, en un estilo improvisado y cargado de errores. Un foro económico no es un diván terapéutico.

Daniel Noboa, presidente de Ecuador, por ejemplo, hizo una intervención concisa y estructurada. Mostró logros concretos: reducción de la pobreza del 28 % al 21,4 % (el nivel más bajo en su historia reciente), aumento de reservas, avances en educación y cerró con un llamado a la cooperación regional contra el crimen. Un discurso optimista, cuantificable, sin divagaciones, preparado juiciosamente, que proyectó liderazgo y no confusión.

Lula da Silva de Brasil o Bernardo Arévalo de Guatemala hicieron propuestas claras, sin saltos al vacío filosófico.

Iván Duque resumió con precisión el paso de Petro por el atril “Petro ya es inolvidable en Panamá y no propiamente por la calidad de sus discursos”.

Vergüenza es la palabra que sintetiza la presentación de Petro en Panamá. El “pacto por la vida y la libertad” que propone podría empezar con un pacto personal con la decencia, el sentido común, la brevedad y el orden.