Por Francisco Becerra
Hace un año apareció Vicky Dávila como candidata presidencial que decía no pertenecer a la clase política. Prendió la mecha y llegó un momento en que las encuestas afirmaban que era inderrotable.
Su campaña se basó en criticar todo lo que hace este tragicómico gobierno y en hablar mal de Juan Manuel Santos, con quien sostiene una disputa de carácter personal. Obviamente es aduladora de Uribe.
Ni una idea ni una solución que no sea ir contra todo lo que huela a izquierda o centro izquierda, y usar las armas para “arreglar” los problemas.
Con el tiempo se disolvió la presidenta Vicky. Hoy hay que buscar de abajo para arriba para verla con un incómodo 2 % de posibles votantes.
Hace cuatro meses apareció Abelardo con el mismo cuento de no ser político y de que su propuesta era “exterminar” a todo aquel que no estuviera de acuerdo con sus postulados de extrema derecha. Cerrar sindicatos, acabar con subsidios, nombrar jóvenes bien pagados como soldados y policías.
Incluso propuso la tesis, claramente inconstitucional, de que Uribe fuera su fórmula vicepresidencial. En las encuestas llegó a derrotar a todos los que se le atravesaran en el camino.
También se montó en la eliminación de todo lo que oliera a Santos y de quienes hubieran trabajado con ese gobierno.
Tan seguro estaba con los sondeos que se separó del uribismo ortodoxo y no aceptó las fórmulas para escoger candidato.
Ahora, a causa de ese mensaje de ultraderecha, empezó a perder adeptos. Ya no le gana a nadie. Se está convirtiendo en la nueva Vicky, afortunadamente para mi paisana no físicamente, porque bien maluco sí es Abelardito.
La paradoja está en que, mientras quieren fingir ser copias de Uribe, el expresidente, que parece en este momento más lúcido que sus fanáticos, anuncia que buscará acuerdos y votará, si es necesario, hasta por Fajardo, porque lo importante es salvar al país de la extrema izquierda de Iván Cepeda.
Ñapa: La derecha se ataca por sus odios internos, especialmente contra Santos, mientras la izquierda hace un relativo olvido de sus grandes discrepancias y apoya de manera sólida a Cepeda.
Sigan así y ya están viendo el resultado: Si mañana fueran las elecciones, ganaría sobrado Cepeda.
Ñapapita: En lugar de seguir mandando los mismos chats a las mismas personas, ¿ya sabe por quién va a votar al Congreso? ¿Conoce su puesto de votación? ¿Tiene su lista de personas para llevar a votar?
Siga zoqueteando con odios del pasado y lo veré en las mismas durante los cuatro años del mandato de Cepeda.
Quiero repetir mi propósito como narrador de Susurros: No escribo para convencer a nadie, escribo para hacer reflexionar y para que cada cual opte por su camino. Admiro a quienes piensan distinto a mí y me hacen meditar sobre ello.
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