25 enero, 2026

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

¡Ah, pereza, legisladores que no soportan un debate de altura!

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Por Claudia Posada

Estamos a mes y medio, mas o menos, para que se lleven a cabo, el 8 de marzo, las elecciones que arrojarán los nombres de quienes compondrán el Congreso colombiano a partir del 20 de julio de este año; es decir, quienes nos representarán en Senado y Cámara. Lo cierto es que, faltando tan pocos días para la jornada electoral de esa fecha, no se observa mucho entusiasmo entre la población potencial electora, ni el ánimo de participar depositando el voto que podría definir la curul de éste, aquel o aquella que se postulan. La decepción es obvia. Las peloteras en el Congreso entre ellos mismos, o en contra del gobierno actual, desdicen de la clase política cuyos exponentes en las corporaciones públicas, se ocupan más de sus propios intereses que de los deberes que les asisten. Las desavenencias y disputas acaloradas, altaneras, pobres de argumentos profundos y serios, desinflaron al electorado. Muchos de los congresistas actuantes hoy, aspirando repetir, se la pasan haciéndole el favor al presidente Petro al darle una oportunidad tras otra de reaccionar a sus impertinencias reforzando sus posturas populistas, con las que la ido muy bien. Lo mismo que, un buen número de los que esperan llegar por primera vez al Congreso, bien sea a la Cámara alta o bien a la Cámara baja, justifican su deseo de postularse apuntalando sus discursos en el garrote a Petro al desaprovechar las audiencias frente a ellos, o en los espacios de la virtualidad, para conquistar simpatía hacia ellos exponiendo lo que será su trabajo legislativo con miras a disminuir los múltiples problemas del país, no resueltos en décadas y décadas de negligencia parlamentaria. Tal vez tienen tan pocos argumentos para unbuen discurso de campaña, o son tan faltos del real sentimiento del servicio ciudadano con miras al bien común, que esa carencia les impide construir ponencias vigorosas y sinceras de cara a un pueblo necesitado de verdaderos lideres; pueblo hastiado, por lo demás, de “líderes” impuestos por las clases dominantes.

Cómo quisiéramos un Congreso de verdad renovado en un buen porcentaje; pero no falsamente recompuesto, no, lo queremos con mujeres y hombres inspirados en los deberesescritos en la Constitución, las leyes y normas, pero ya por años de manera infame ignorados. Cómo quisiéramos debates intensos, potentes, expuestos con la solidez que da el estudio, la conciencia, la honestidad, la coherencia, y la responsabilidad que demanda una sólida democracia. De cara al gobierno que remplazará al actual, quisiéramoscongresistas afines al mandatario de turno o en oposición, en todo caso serios, atinados, disciplinados, amigos del lenguaje respetuoso y la palabra limpia. Estamos hastiados de la babosería y grosería que inundan el recinto del Congreso. ¡Ah, pereza, legisladores que no soportan un debate de altura! Quienes por gusto -o por cualquiera otra razón- nos detuvimos tantas veces a escuchar los debates de otras épocas, no muy lejanas por cierto, extrañamos el conocimiento y capacidad de análisis e interpretación de los temas que tocaban brillantes personajes de la vida pública; me refiero, por ejemplo, a los discursos de Luís Carlos Galán, o más cercano aún, a los juiciosos debates de Jorge Enrique Robledo, siempre sentenciosos, inteligentes, en perfecta concordancia con las realidades que vivíamos. Robledo aspira volver al Congreso, ojalá que, de llegar, se encuentre con semejantes en el conocimiento, la capacidadreflexiva, e intereses genuinos por la búsqueda de beneficios para el país y todos los colombianos, aunque estén en orillas distintas. Robledo ha sido de luchas, también criticado y por igual admirado; es ducho y está preparado para defender a su candidato de hoy: Sergio Fajardo, si éste alcanza su propósito, o para hacer oposición (para lo que tiene buena y larga experiencia) si llega alguno de los otros dos de las mayores opciones según encuestas recientes; o acaso, volviendo a ser Senador de la República, no encuentre credibilidad para defender y apoyar al mandatario de ese momento, o algo le haga perder la confianza como sucedió -tan frecuentes ciertos disgustos entre políticos- con respecto a Petro.