25 enero, 2026

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Trump y el club de padrinos: el fin del multilateralismo

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Jorge Mario Gómez Restrepo

Por Jorge Mario Gómez Restrepo

En la historia estamos acostumbrados a que EE. UU. mueva las fichas del tablero a su antojo. En una camuflada estrategia de apariencia de legalidad, ha jugado al «policía bueno» presentándose como defensor de la democracia, las libertades y la justicia. Pero si algo siempre hemos intuido es que eso no era verdad. Tal y como lo dijo Henry Kissinger -ex asesor de la Casa Blanca- en su momento, «Estados Unidos no tiene amigos permanentes ni enemigos permanentes, solo intereses».

El gobierno de Trump abandonó la máscara y,  aplicando la “teoría del loco” de Nixon, rediseñó el orden mundial debilitando el multilateralismo. Como señalan los analistas geopolíticos, estamos entrando en un mundo “pos-occidental” donde Occidente tal como lo conocíamos es historia y la alianza atlántica se ha fracturado.

No debemos confundir este caos con improvisación, es un método. En este escenario, la verdad pierde relevancia, la ciencia es cuestionada y se normalizan mentiras evidentes. Se construye una posverdad adaptada a Trump, donde el mundo debe pagar una supuesta deuda a Estados Unidos bajo sus condiciones.

En este ecosistema, la falta de vergüenza se celebra como una virtud política. Ya no hace falta inventar narrativas para justificar acciones militarles, ya se dice abiertamente –en términos de realpolitik– “queremos el petróleo”.

Pero Trump no está solo, existe una red mundial de autócratas, y uno de los blancos predilectos de esta nueva era es el derecho internacional al vaciar de eficacia el sistema ONU y la lógica de obligaciones multilaterales. La soberanía y la libre autodeterminación de las naciones ya no se ajustan a los intereses de Washington, Moscú, Tel-Aviv. En ese club de padrinos ejerce lo que podríamos llamar el “derecho a la impunidad”, según lo describe Ece Temelkuran en su libro “como perder un país”.

Para este grupo, las reglas establecidas tras la Segunda Guerra Mundial no solo son obsoletas, sino contrarias a los nacientes imperios, dejando ver a la ONU, los tratados y las convenciones internacionales debilitados en su eficacia y con fecha de vencimiento, desmantelándose el estado liberal y con él las instituciones que lo edificaron.   

En ese estado mafioso cada quien se siente con la autoridad de apropiarse-comprar un país o un territorio, tan solo basta un interés y tener la fuerza militar para lograrlo.

Ya no solo es Latinoamérica el patio trasero de los EE.UU bajo la amenaza de aranceles y la ley del más fuerte, todos estamos en alquiler y bajo vigilancia los nuevos imperios. La región ha dejado de ser un actor secundario para convertirse en una zona de disputa por recursos. Bajo la lógica de Trump, la democracia en nuestro continente es irrelevante, el objetivo es el control de las rutas comerciales, los minerales críticos y la producción de alimentos. Ya no se trata de diplomacia, sino de la aplicación de una «Doctrina Monroe» recargada.

Si seguimos creyendo que las viejas reglas del juego siguen vigentes, seremos víctimas de nuestra propia ingenuidad. La ideología de los nuevos rufianes no se basa en valores compartidos, sino en transacciones brutales donde, como demuestran los datos globales, incluso potencias como China empiezan a ser vistas como socios más estables.

Cuando el orden se vuelve transaccional, los países medianos negocian aislados y pierden capacidad de defensa jurídica colectiva. El riesgo para nosotros es la fragmentación. Mientras Washington es acusado de influir en procesos electorales desde Argentina hasta Honduras para exportar su ideología, la respuesta regional brilla por su ausencia. La OEA guarda silencio y los países actúan de manera individual, buscando salvarse solos mediante un pragmatismo comercial suicida.

La alerta está encendida, y no faltará para Latinoamérica que bajo esta doctrina surjan nuevos matones de barrio que se sientan con la autoridad de identificarse con las acciones y causas de los autócratas mayores, queriendo emular las mismas líneas de acción en las repúblicas bananeras.

Si seguimos creyendo que podemos negociar bilateralmente con los que desprecian el derecho internacional, terminaremos siendo vasallos en nuestra propia tierra y no entenderemos que la democracia se pierde cuando nos cansamos de defenderla. (Opinión).

*Abogado Universidad Libre, especialista en instituciones jurídico-penales y criminología Universidad Nacional, Máster en Derechos Humanos y Democratización Universidad del Externado y Carlos III de Madrid, Diplomado en Inteligencia Artificial. Especialista en litigación estratégica ante altas cortes nacionales e internacionales. Profesor Universitario.