Por Eduardo Aristizábal Peláez
«El periodismo no es un poder, es una luz. Y cuando se apaga, la sociedad queda a oscuras.»
Desde que Edmund Burke acuñó en 1879 la expresión Cuarto Poder para referirse al periodismo, la prensa ha sido vista como un actor con influencia política, económica y social; sin embargo, en tiempos de redes sociales y plataformas digitales, nos tenemos que hacer la siguiente pregunta ¿sigue siendo el periodismo ese poder independiente o ha perdido su lugar en la vida pública?
Académicos como Javier Galán-Gamero sostienen que el verdadero Cuarto Poder es la opinión pública, relegando a los periodistas al papel de mediadores entre los hechos y los ciudadanos.
Actualmente, personas como los youtubers, alcanzan más audiencia que los medios tradicionales, especialmente entre los jóvenes, lo que representa un desplazamiento de la prensa como fuente informativa y de opinión, seria.
La crisis no es sólo externa; muchos medios han caído en el pseudoperiodismo, subordinando la verdad al dinero, los privilegios o la manipulación política. Como señaló Graham Greene, “medios de comunicación es sólo una palabra que ha venido a significar mal periodismo”.
La autocensura, el soborno y la permanente publicación sin crítica, de boletines oficiales y agremiaciones privadas, han convertido a comunicadores, porque no pueden ser considerados periodistas, en voceros o incluso en cómplices del poder, alejándose de la esencia de la verdadera profesión, comprometida con la verdad.
Frente a esta dolorosa y preocupante situación, voces como Horacio Guajardo Elizondo recuerdan que el periodista auténtico debe sostener tres pilares: apego a la verdad, servicio a la colectividad y superación permanente. Nosotros agregamos: independiente y responsable. La autonomía, la autocrítica y la formación constante son indispensables para recuperar credibilidad. Gabriel García Márquez lo resumió con claridad: “los reporteros se hacen en la universidad de la vida y su doctorado en la calle”.
Ejemplos históricos muestran que un periodismo bien ejercido puede transformar la realidad. El caso Watergate en Estados Unidos. En Colombia, basta recordar el legado de Guillermo Cano contra el narcotráfico, las investigaciones sobre la parapolítica y la Yidispolítica, o el destape del Cartel de la Toga, para confirmar que la prensa, cuando cumple su función, puede frenar abusos y provocar cambios políticos de gran alcance, en la sociedad y en las instituciones.
Más que un Cuarto Poder, el periodismo debe asumirse como Contrapoder, no para oponerse sistemáticamente a los gobiernos, sino para actuar como antídoto frente a los excesos del poder. Su misión es clara: informar con independencia, sin favores ni gratificaciones, y mantener como único patrimonio, el buen nombre y la confianza de la sociedad.
El periodismo no es poder, es conciencia. Su deber no es gobernar, sino impedir que el poder abuse. El periodismo no existe para halagar al poder, sino para servir a la ciudadanía con verdad y valentía.


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