11 enero, 2026

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Delcy Rodríguez y El Jaguar, domesticados y dispuestos a lavar y planchar

Haga Click

Image Map

Por Iván de J. Guzmán López 

Todo estaba servido para el festín que evocaba las viejas épocas en que los hoy progresistas (petristas) salían a las calles de Colombia a despotricar contra “el imperialismo norteamericano”; la tarde bogotana en la plaza de Bolívar, no quiso apagar con agua el ímpetu de los pocos bogotanos y “delegados” de todo el país, sindicalistas encabezados por el anarquista e incendiario presidente de la CUT Fabio Arias, así como contratistas del Sena y otras entidades oficiales, obligados a salir a marchar bajo la consigna que el petrismo llamó: «Colombia ¡por la soberanía y la democracia!». Ya, en Medellín, habían hecho su fiesta y, a esa hora, se reportaba la quema de una bandera estadounidense y también un cartel con el rostro de Trump.

Las horas pasaban, y una masa informe, furibunda y rabiosa contra “el imperialismo” y contra Trump, que pocas horas antes había sacado al dictador Maduro de su guarida en Miraflores, de una manera tan sencilla y vergonzosa para el régimen, que puso a temblar a todos los tiranuelos del continente. El oso, para las “heroicas fuerzas armadas venezolanas” fue mayor, pues todos, incluyendo una treintena de lacayos cubanos, cayeron como moscas y sin resistencia alguna.

Los furibundos anti yanquis, enardecidos por la intervención de los Estados en Caracas, coreando a rabiar por la “libre determinación de los pueblos” y rechazando la posibilidad real de la captura de Petro, emulando la de Maduro, se fueron compactando en una masa informe, que predecía tragedias, a más de una noche de “feliz” rememoración de las “gestas” de la primera línea, de hace apenas 4 años. Los versos de Anarkos, en el poema del maestro Valencia, parecían flotar en el aire:

… “¡Ah! si es que apunta con fulgores rojos
el astro de la sangre por Oriente.
Bajo el odio del viento y de la lluvia
por la frígida estepa se adelantan
los domadores de la Bestia rubia:
ya los perros sarnosos
se tornaron chacales. De ira ciego
el minero de ayer se precipita
sobre los tronos. Un airado fuego
entre sus manos trémulas palpita,
y sorda a la niñez, al llanto, al ruego,
¡ruge la tempestad de dinamita!
¡Son los hijos de Anarkos! Su mirada,
con reverberaciones de locura,
evoca ruinas y predice males:
parecen tigres de la selva oscura
con nostalgias de víctima y juncales”….     

El tiempo pasaba y las manos sedientas de anarquía se mecían en el aire al son de la voz aguardientosa, teñida de venganzas y de malba, ante la soga al cuello impuesta Petro y varios de sus secuaces. El paladín que los representaba, con investidura de presidente de los colombianos, no aparecía. El Jaguar prometido a “los gringos” no rugía, y la impaciencia llenaba el espacio con sus clarines sordos de guerra y de improperios.  

La tarde se llenaba de bruma, atrocidades y odio. De pronto apareció el paladín, el salvador de los pobres de Colombia. Petro apareció en la tarima; era un Petro distinto, manso; ya no era el Petro rabioso, sin visa, en la Lista Clinton, y la amenaza de ser sacado de Colombia: “cuida tu trasero” le había advertido Trump hacía poco. 

“Casi que no llego”,  fue el tímido saludo a la media Plaza de Bolívar, que a esa hora estaba ocupada por los fanáticos del jaguar.

“Me llamó el Presidente Trump”, dijo algo eufórico. “Bueno, hablamos telefónicamente”, trató de corregir.

La verdad llegó al día siguiente desde Washington, de manera fáctica: fue una nota escrita que un asistente le pasó a Trump y que quedó captada por el fotógrafo Doug Mills del New York Times. El mensaje decía: “El presidente de Colombia Gustavo Petro lo está llamando”.

La decepción fue total: se acabaron las consignas anti yanqui, la furia desapareció, cesaron los improperio contra Trump, la canciller se tragó sus torpes palabras de “un ejército colombiano para enfrentar militarmente a los Estados Unidos”, y la metamorfosis fue evidente: se vio entonces a “un jaguar”, convertido en manso gatito,  ante la perspectiva de un encuentro (pactado para la primera semana de febrero) que permitiera cortar el lazo prometido a su garganta, una pijama naranja y el ser juzgado en suelo americano y, adicional, algo de tranquilidad a sus conmilitones, ahora dudosos del compromiso “revolucionario”, bajo los efectos económicos y sociales de la Lista Clinton.

El contacto telefónico con el presidente Trump permitió, según el mandatario colombiano, “bajar momentáneamente el nivel de tensión”. Y ante la amenaza latente de una intervención militar estadounidense, dijo con algo de tranquilidad: “Creo que se congeló, pero puedo equivocarme. No supimos qué acción militar se planificaba, solo que había una en curso. Durante la llamada, Trump habría admitido que “estaba pensando en hacer cosas malas en Colombia” y que el mensaje era que “estaban preparando algo ya, planificándose, una operación militar”,explicó Petro.

La desilusión de los patriotas anti Trump se percibió de manera inmediata en el ambiente; caras decepcionadas y manos que escondían pancarta se veían, mientras Petro, convertido en un jaguar domesticado, sin posibilidad de desafíos o improperios, diría después: “tuve que cambiar mi discurso”. Ante la metamorfosis del jaguar y el rabo entre las piernas de los manifestantes, por simple asociación con lo que hoy ocurre en Venezuela con el mandato y el proceder de Delcy Rodríguez, vino a mi memoria  un simpático texto de Teodoro Rojas, publicado en el Portal Quora:

“Se encuentran dos amigos y uno le dice al otro:

-¡Lo que me pasó esta mañana es increíble!

 – ¿Y qué fue lo que te pasó?

 – Estaba en la esquina cuándo llegó una mujer en su auto y me invitó a un paseo. Fuimos a su casa y cuándo estábamos dentro de la habitación, llegó el esposo y, ¡suerte que esa mujer era astuta!, me dijo que me pusiera a planchar un paquete de ropa.

 – ¿Y qué más pasó? -preguntó el amigo nervioso.

 –Cuándo el marido me vio planchando, la mujer le dijo que yo estaba buscando trabajo y como ella tenía mucha ropa para planchar, me contrató. El hombre no quedó muy convencido y se me sentó al lado a ver si yo sabía planchar.

 – ¿Y entonces?… , –dijo el amigo intrigado.

– Después de dos horas planchando, cuando terminé, pude salir de la casa. Es decir que estoy vivo gracias a la astucia de esa mujer.

 – Por curiosidad… ¿Dónde vive esa mujer?

 – En la calle El susurro número 69.

 – ¡Caramba! esa ropa que tú planchaste hoy… ¡LA LAVÉ YO AYER!

El Jaguar está convertido en gatito, y si acaso regresa de su viaje a la Casa Blanca, tendrá que demostrar con hechos que dará condiciones para unas elecciones democráticas, deberá mostrar respeto por la institucionalidad y, en especial, por la justicia colombiana; soltará las manos a nuestras fuerzas militares, mostrará resultados en la lucha contra las drogas, estará obligado a combatir a Mordisco, a las disidencias de las Farc, al ELN, y obedecerá, muy a lo Delcy Rodríguez, los mandatos de Trump, si no quiere terminar haciendo compañía a su amigo y jefe Nicolás Maduro, en la temible cárcel americana.

En resumen, ¡creo que a Petro le tocará PLACHAR la misma ropa que está LAVANDO Delcy! ¡Y el petrismo, con su cambio, con su pacto histórico y sus progres, se irán al carajo!, para bien de Colombia.