29 noviembre, 2025

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Las niñas también tienen poder creativo en ciencias, tecnologías y artes

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Enrique Batista

Por Enrique E. Batista J., Ph. D. 

https://paideianueva.blogspot.com

Las mujeres también construyen la historia y crean ciencias. Estas han sido usualmente presentadas por hombres que reciben reconocimientos que nublan los aportes de ellas. Existe un inmenso vacío en la concepción del progreso de la humanidad que necesita ser llenado mediante el credo de que las mujeres también crean, innovan, participan y transforman. 

Los abundantes destellos del sol de la ciencia producida por las mujeres han sido eclipsados por científicos hombres, en ocasiones de manera deliberada; en otras, por abierto desconocimiento o por deliberado robo de la propiedad intelectual y de los derechos materiales y morales de autor. Este hecho no ha sido circunstancial; muchos científicos autores de los despojos han trasegado en sus atropellos con el convencimiento impropio de que ellas han crecido y vivido en ausencia de quien las defienda, incluidas las instancias judiciales.

Esa negación del reconocimiento de derechos ha estado acompañada del prejuicio en el campo académico que resalta que las mujeres deben seguir profesiones «suaves» y no las de los campos de las ciencias, ingenierías y tecnologías definidas, sin fundamentos, como reinos masculinos.

A lo largo de la historia, numerosas mujeres han sido ignoradas, minimizadas o invisibilizadas en los relatos oficiales del progreso científico. Dicha tendencia no responde únicamente a casos aislados, sino que forma parte de un patrón sistemático de exclusión.

Destaqué en un artículo anterior el denominado «Efecto Matilda» que se refiere a la persistente negación del reconocimiento que, en los campos de las ciencias, tecnologías y otros espacios de la invención humana, se ha manifestado frente a la contribución de las mujeres científicas, creadoras, inventoras e innovadoras. Ante muchas de sus contribuciones y aportes, el crédito ha sido recibido por hombres. Ha persistido un proceso deliberado para invisibilizar su presencia en los diversos campos de la creación humana.

Ese abierto sexismo y misoginia, culturalmente enraizados en todo el mundo, requiere que, desde las familias y la escuela, se forme a las nuevas generaciones en actitudes y comportamientos que anulen el mencionado «Efecto Matilda» con el fin de lograr que niñas y adolescentes reconozcan que ellas también son creativas y que tienen el derecho a que se les  reconozcan y se les permita hacer visibles sus sustanciales aportes al avance y mejorestar humano, plasmados por contribuciones en los diversos campos de las ciencias y de las artes. El estudio de casos puede ser una de las estrategias formativas para anular la invisibilización sistemática de su inteligencia y de sus creaciones. Se pueden mencionar y analizar casos y biografías. Algunos, entre muchos ejemplos, son los siguientes:

Jocelyn Bell Burnell fue la primera científica en detectar anomalías astronómicas por patrones producidos por cuásares; en la publicación correspondiente fue incluida como autora de segunda línea; pocos años después, su asesor de tesis recibió el premio Nobel de Física. Esther Lederberg descubrió con su esposo una técnica exitosa de transferencia de colonias bacterianas; su esposo Joshua Lederberg recibió el Premio Nobel de Fisiología por las investigaciones en las que su esposa fue igualmente responsable. Conocido muy bien es el caso de Rosalind Franklin con el descubrimiento de las estructuras del ADN, pero James Watson y Francis Crick, por las investigaciones de ella, recibieron el Premio Nobel de Fisiología. Nettie Stevens descubrió el sistema XY de determinación del sexo, descubrimiento que reveló que el sexo de un organismo está determinado por los cromosomas y no por factores ambientales; sin embargo, el descubrimiento fue atribuido a otro genetista de nombre Thomas Hunt Morgan. Se pueden documentar millares de casos más. (https://shorturl.at/7JryRhttps://shorturl.at/asplD).

Desde el grado primero de la educación primaria, algunos estudios han constatado que las niñas se autoperciben como menos inteligentes que los niños; una preconcepción que tiene gran impacto en su autoestima y en el alejamiento de campos en los que pueden brillar a la par de los hombres. Se reconoce que en las escuelas las niñas carecen de referentes suficientemente visibles de su propio sexo, lo cual lleva a que se construyan y fijen estereotipos y actitudes que las alejan de los campos de las ciencias y de las matemáticas. En muchos casos, la escuela misma se torna discriminatoria con una clase de sobreprotección a las niñas que las lleva a enraizar el concepto de que son menos inteligentes que los muchachos; así se alejan de los campos de formación denominados STEM.  Se ha afirmado que: «Si no hay más mujeres matemáticas, físicas o ingenieras, es seguramente porque a lo largo de su crecimiento han recibido mensajes incesantes incitándoles a desviarse de ese camino». (https://shorturl.at/1iJ7a).

Por los mismos sesgos, muy bien reconocidos por todos y sufridos por las niñas, se ha pensado que el proceso de invención corresponde fundamentalmente a la inteligencia masculina. Ha ocurrido así, no como un mandato de la naturaleza, sino como resultado de un proceso abierto de exclusión y discriminación de las mujeres con respecto a sus posibilidades de innovar, de crear, de transformar, de ser productivas y de recibir el debido reconocimiento por los aportes que realizan, y pueden entregar, para el desarrollo de sus comunidades y de la sociedad por medio del ejercicio pleno de sus dotes intelectuales en las ciencias, las tecnologías o las artes.

El servicio educativo sostiene, mantiene y nutre prejuicios que se reflejan en muchas actitudes, en reglamentos y estrategias formativas que desfavorecen la igualdad entre los sexos y alejan a las niñas y a las jóvenes de los campos científicos, tecnológicos y de la creación y producción artística y literaria. Uno de los modos de anular el conocido «Efecto Matilda», y romper con los acendrados prejuicios y actitudes excluyentes y discriminatorios, está en la puesta en marcha de compromisos para alcanzar consensos y conciencia colectiva sobre cuáles creencias, actitudes, acciones y reglas crean y mantienen la exclusión. Conviene, a partir de tal inspección de conciencia, reconocer que existe el derecho a la igualdad y que determinadas prácticas escolares deforman, maleducan y niegan ese derecho en la práctica.

Esas acciones, realizadas como meta de mejora en los procesos formativos escolares, llevarán a visibilizar el papel que las mujeres han tenido en la producción y creación humana a lo largo de la historia; además, se debe, en términos de orientación académica y de desarrollo personal, crear la conciencia de que existen oportunidades de igualdad en el acceso a profesiones y ocupaciones científicas y tecnológicas.

No hay que cesar en el esfuerzo de encontrar, promover y facilitar el desarrollo del talento de cada ser humano que asiste a una escuela. Tampoco en los esfuerzos para comunicar que las niñas y las jóvenes pueden aprender a desarrollar su potencial intelectual y creativo alrededor de las ciencias y de la variedad de campos aplicados reflejados en muy diversas tecnologías.

En el «Día Internacional de la Mujer» de 2025, la OCDE indicó que la ciencia, las tecnologías y la innovación son las máquinas del progreso social que, a la vez, permiten enfrentar de manera creativa y productiva la multitud de tantos desafíos globales que se tienen hoy, pero el potencial total de ellas se puede alcanzar cuando todos, independiente de su género, tienen las posibilidades de contribuir con soluciones. Una muestra del porcentaje de mujeres inventoras en 2019 en los países de la OCDE, contados sobre el número de inventos de cada país, muestra un panorama como el siguiente:  Portugal (26.62%), Grecia (21.52%), Colombia (16.25%), Chile (13.25%), España (14.55%), Estados Unidos (12.39%), Francia (11.33%), México (9.67%) y Japón (8.14%). (https://shorturl.at/MqqRA).

Si bien se ha incrementado el número de mujeres que acceden a la educación superior, su presencia en la fuerza laboral global de la innovación sigue siendo muy baja, lo que refleja barreras estructurales para que ellas puedan acceder a recursos y oportunidades para la creación científica y la innovación. A esta situación se suma el desconcertante hecho de que las mujeres no sólo tienen baja representación comparativa en los procesos de innovación, sino que es creciente el número de ellas que abandona ciertos campos, científicos y tecnológicos, donde su contribución siempre se puede juzgar como esencial para el progreso de todos. (https://shorturl.at/MqqRA).

Ha sido muy evidente y bien probado que las contribuciones de las mujeres en la generación de conocimiento científico, tecnológico, artístico y cultural han sido minimizadas, ignoradas o invisibilizadas de manera consciente. «Que se reconozca a las mujeres en la ciencia no sólo es una cuestión dejusticia histórica, sino también un factor clave para el desarrollo del conocimiento». (https://shorturl.at/A7ajp).