La inocencia que asesina    


Por José Marduk Sánchez C. (foto)

Por Orlando Arenas Tamayo (foto)

“La   obligación   indiscutida   del   Estado es asegurar que todos se eduquen y se eduquen bien”               .

(Hernando Gómez Buendía)

Hay muchas personas, como bien lo afirma José M Steve (U. de Málaga), que intentan enfrentar los problemas de la educación contemporánea desde un análisis local y, en veces,  desde la foto fija de una ideología predeterminada y el simplismo de una educación populista  en el fragor de una campaña política, en lugar de partir del análisis de la realidad para encontrar múltiples respuestas  a la problemática generada por la educación,  como  ¿Qué pasó con los estudiantes, de colegios públicos o privados, de pobres o de ricos, que cursaron nueve años de educación básica y dos años de educación media y llegaron a la educación superior exageradamente débiles  en leer, escribir, escuchar y hablar su lengua materna?.  Esto es sumamente grave pues la educación superior requiere una comunicación discursiva y ésta se fundamenta en esas competencias.   ¿Qué pasó con estos estudiantes y quién es el directamente responsable por este resultado final?

El derecho fundamental a la educación se centra en el derecho a aprender y no simplemente el de asistir a clases. Esto quiere decir que toda educación que provea el Estado debe ser de calidad para todos y, como lo afirma José  Días Sobrinho (2006), “no puede haber una educación superior de calidad sin una fuerte articulación con los subsistemas escolares previos y sin una estrecha conexión con las estructuras de ciencia y tecnología”(Lea la columna).

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