Asesinato de líderes o el fracaso del posconflicto


El Nuevo Siglo. Unidad de análisis.

Tras la escalada de muertes de activistas comunitarios, de derechos humanos, comunales y de víctimas de desplazamiento hay dos hechos claros: primero, no existe sistematicidad en cuanto a móviles, autores materiales ni intelectuales. Por el contrario, los victimarios y las causas son muy distintos, a diferencia del genocidio de la UP. Y, segundo, el Estado no recuperó el control de las zonas dejadas por las Farc, que quedaron en manos de Eln, disidencias, Bacrim y hasta mafias políticas locales, que pelean por narcotráfico, minería ilegal y otros negocios ilícitos, y matan a cualquiera que se les atraviese. Ahí está la génesis real de la tragedia actual.

“… Los discursos de paz en Bogotá no sirven para acallar la violencia en las regiones”. Esa frase lapidaria es del director de una ONG del Cauca cuyos integrantes no solo han recibido amenazas sino que dos han tenido que abandonar la región para evitar ser asesinados. (Lea la columna).

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