Regalo envenenado


Por primera vez, el Gobierno está sentado en la mesa con el Eln como interlocutor.

Por María Isabel Rueda (foto)

En medio del recrudecimiento de la violencia contra líderes sociales y políticos, que tiene al país aterrado y consternado, no hay duda de que el Eln es un factor detonante protagónico en medio del desorden creado por la inundación de los cultivos ilícitos y la minería ilegal. Desactivar el Eln con un acuerdo bien hecho sería uno de los caminos para acabar esta matazón de líderes. Pero me temo que el acuerdo que se está contemplando en La Habana, según me cuenta una buena fuente interna, va por mal camino. Y por ahí nos vamos a meter si los ‘flojos’ de la delegación del Gobierno colombiano le ganan el pulso al grupo de los ‘duros’.

El gobierno Santos ha dado la orden de dejar, como sea, pactado un cese del fuego bilateral con el Eln. Pero además porque, como ya lo hemos dicho en este mismo espacio, para que Santos lo pueda lucir en sus futuras conferencias internacionales o en los comedores de la realeza europea. Pero, dos, porque él lo cree y ha convencido a muchos de que por malo que sea el arreglo con el Eln, será bueno porque salvará vidas. Si eso fuera así de cierto, ¿por qué no entregarle al Eln todo lo que pide en lugar de negociárselo? Porque la salvación de vidas depende no solo de que el acuerdo se haga, sino de que sea bueno para los colombianos, y no solo para el Eln. (Lea la columna).

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