Mi derecho a mi miedo


Por Eduardo Escobar (foto)   

Habría que restablecer algunos paradigmas descuidados del sentido común en política.Yo solía decirles a mis amigos de la juventud que puestos entre dos males, debían siempre decidirse por el peor. Creía en el poder fertilizante de las paradojas, que el contrasentido aventajaba a la lógica, que estábamos obligados a ayudar al mundo a alcanzar la crisis apocalíptica, antes de instaurar el Reino de la Tierra que opusimos al Reino de los Cielos. Siempre estábamos pataleando contra algo. Escribiendo manifiestos tóxicos. O poemas arrevesados para irrespetar la poesía y demás embelecos burgueses incluidos el hábito de comer a horas y la corbata.

No nos dábamos cuenta de los privilegios que gozábamos, los helados, los antibióticos, las autopistas, las vacunas, las telas sintéticas, los perfumes franceses, los vinos de Italia. E incluso el de defender la idea de que toda clase de orden era una trampa, una conspiración oligárquica para jodernos. El Che Guevara, Cantinflas del marxismo, aspiraba a incendiar el mundo por los cuatro costados, entre coros de ametralladoras, fundamentado en la poesía de León Felipe y en tangos sensibleros como ‘La Pastora’, de De Angelis y Rótulo, que prefiguró su destino. Y nosotros le dedicábamos odas. (Lea la columna).

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