El oasis de la vida


Por Luis Carlos Correa Restrepo (foto)

Las manos del abuelo

Nunca volveré a ver mis manos de la misma manera… El abuelo con 90 y tantos años, sentado débilmente en la banca del patio, no se movía, solo estaba sentado cabizbajo, mirando sus manos.

Cuando me senté a su lado, no se dio por enterado y entre más tiempo pasaba, me pregunté si estaba bien. Finalmente, no queriendo estorbarle sino verificar que estuviese bien, le pregunté cómo se sentía. Levantó la cabeza, me miró y sonrió: – Sí,  estoy bien, gracias por preguntar, dijo con una voz clara y fuerte. – No quise molestarte abuelo, pero estabas sentado aquí simplemente mirando tus manos y quise estar seguro de que estuvieses bien”, Le expliqué. – ¿Te has mirado alguna vez tus manos? Quiero decir, ¿realmente te has mirado las manos? Solté las manos de las de mi abuelo, las abrí y me quedé contemplándolas. Les di la vuelta hacia arriba y hacia abajo.

No creo que realmente nunca las había observado, mientras intentaba averiguar qué quería decirme. Entonces se sonrió y luego me contó esta historia: Detente, y piensa por un momento, acerca de tus manos, como te han servido bien a través de los años. Estas manos aunque arrugadas secas y débiles han sido las herramientas que he usado toda la vida. Ellas pusieron comida en mi boca, y ropa en mi cuerpo. Cuando pequeño mi madre me enseñó a juntarlas en oración, ellas ataron los cordones de mis zapatos y me ayudaron a ponerme mis botas. Han estado sucias raspadas y ásperas, manchadas, cortadas, secas y dobladas. Se mostraron torpes cuando intenté sostener a mi hijo recién nacido. Adornadas con mi anillo de bodas, le mostraron al mundo que estaba casado y que amaba a alguien muy especial. Ellas temblaron cuando enterré a mis padres y esposa y cuando caminé hacia el altar con mi hija en su boda. Han cubierto mi rostro, peinado mi cabello, lavado y limpiado el resto del cuerpo. Y hasta el día de hoy, cuando casi nada en mí sigue trabajando bien, estas manos me ayudan a levantarme  a sostenerme y a sentarme, y se siguen uniendo para orar. Estas manos son la marca de donde he estado y la rudeza de mi vida. Pero más importante aún, son las que Dios tomara en sus manos cuando me lleve a su casa.

Desde entonces nunca he podido ver mis manos de la misma manera… Y aún recuerdo cuando Dios estiró las suyas y tomó las de mi abuelo y se lo llevó a su casa.

Cada vez que voy a usar mis manos pienso en mi abuelo… Es cierto que nuestras manos son una bendición. Hoy me pregunto… ¿Qué estoy haciendo con mis manos? ¿Las estaré usando para abrazar y expresar cariño, o las estaré esgrimiendo para expresar ira y rudeza hacia los demás? Anónimo.

Que duela también es señal de que puedes SENTIR. Sentir, todavía es señal de que hay ESPERANZA. No esperes a saber que te estás muriendo, para empezar a vivir. La vida es solo esto, el AQUÍ y el

AHORA. Todo lo demás es ilusión. ANÓNIMO

Algunas personas causan felicidad a donde van y otras cuando se van. Oscar Wilde.

Solamente aquel que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado. Nietzsche.

Solo quien se arriesga es libre.

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