Elegía por mi Olivetti


Por Oscar Domínguez G. (foto)

Los días del periodista – el 9 de febrero- suelo sacarla a pasear. Inicialmente, para tratar de saldar una jurásica deuda de gratitud levanté estas líneas en mi vieja máquina de escribir Olivetti Lettera 22. Desde su jubilación, Oli vive al lado de mi engreído computador que apenas la determina. No la considera competencia siquiera. ¡La muy engreída!

Oli me mira siempre con fidelidad de Nipper, el centenario perrito de la Víctor. ¡Cuántos madrazos me habrá echado por haberla relegado al olvido! Perdón, Letterita.

Tenía polvo hasta en el puntico de la i. La quiero como el Tuerto López amaba a sus zapatos viejos. Me gustaría invitarla a tirar paso. O gastarle algún vinillo exquisito a tono con su alicaída aristocracia.

Saludo reverente la tecla de mi máquina que retrocede un espacio cuando la acciono. Mis respetos a la palanca que me permite mover el carro. El computador lo hace todo automáticamente. Eso explica en parte los celos de mi Olivetti, furiosa Otelo moderna.

Mi saludo a la tecla roja que ya ni sé cuál es su gracia. Disculpas. (Lea la columna).

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