El Jodario: El tal censo


Por Gustavo Alvarez Grdeazábal (foto)

Sin llegar a los extremos de la algarabía que le hicieron a Santos  las gentes del año nuevo en Cartagena, me temo, como todos los colombianos, que el tal Censo Nacional será otro estruendoso fracaso, como lo fue la Reforma Tributaria Oligarca. Y no es de esperar otra cosa. Es un Censo que apareció de la noche a la mañana, al cual no le han gastado ni la publicidad que contratan a borbotones con los prietos ni la divulgación entre los políticos para que, en año electoral, hubiesen podido enlazar a mucha gente que les ayude a conseguir los voticos de la mermelada.

Según el boletín de prensa que repartieron el lunes de fiesta, un día antes de que comenzara este nuevo fiasco del gobierno Santos, ayer se dio inicio al censo electrónico mediante el cual quien quiera entrar de afiebrado a la página del Censo Nacional (que muy pocos conocemos) y llenar el formulario de las 50 preguntas, puede hacerlo ahorrándole el trabajo a los encuestadores puerta a puerta. Pero no le economiza tiempo al pobre pendejo que se adelanta a llenarlo por internet porque el día que le visiten los encuestadores, debe estar presente y mostrarles una copia de lo que llenó, con número del registro y cédula en mano.

Y si usted  y su mujer trabajan y la casa permanece sola durante el día y si llegan a faltar al trabajo pierden el empleo, pues se jodieron porque donde no contesten el censo, les mandan la multa, que no dicen ni cuánto es ni cómo se decreta ni cómo se cobra, como todo en este gobierno de pipirapao. En otras palabras, ¿estaremos frente a la última monumental embarrada del gobierno Santos y otra vez nos quedamos sin saber cuántos somos y qué tanto hacemos los colombianos?

@eljodario

gardeazaal@eljodario.co

El Blanco del Valle

Colombia ha sido por siglos aguardientera y construyó, sobre la herencia española que desplazó a la chicha, una estructura alcabalera envuelta en el papel de celofán de la moral católica que autorizaba ponerle impuestos a ”los vicios” para volverlos más costosos y menos  alcanzables por el pueblo. En tantos siglos bajo ese régimen, los colombianos cada vez toman menos aguardientes, aprendieron a tomar ron y en breve con las medidas proteccionistas del tándem Santos /Cárdenas, nos tendrán a todos bogando wiski .

Como anuncio oficial del cambio de costumbres, en el Valle, el aguardiente Blanco, que por casi un siglo había sido el sostén de la renta del departamento, hizo públicas cifras que demuestra que ya no lo compran y que el Ron Viejo de Caldas no solo se vende al doble sino que le entrega una renta pulpita a la gobernadora Dilliam pues no le cuesta fabricarlo sino cobrar el impuesto de su venta. Las razones corregibles del bajón aguardientero vallecaucano se pueden encontrar en muchas partes, pero cuando la terquedad y el compadrazgo se imponen por encima de números y evidencias, poco o nada puede hacerse.

El país ha cambiado muchísimo y en materia de impuestos a los vicios mucho más. Ya no se cobra impuesto a las cartas de naipe o a los dados, pero si al chance y a las loterías. Ya no dejan vender chicha pero a las cervezas les cobran menos impuestos y se venden más. No se justifica entonces mantener por capricho valluno una fábrica de licores manejada torpemente por el estado cuando hay tantas fórmulas para no perderla y ponerla a funcionar bien.

@eljodario

gardeazabal@eljodario.co

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