Hincha de Millos, mientras ganamos


Por Oscar Domínguez G. (foto)

Para decirlo con metáforas piratiadas, acomodadas, el hincha “es cosa vana, variable y ondeante”. También “es móvil cual pluma al viento”.  Al primer revés se sale de la ropa, no perdona, pide renuncias. Tiene más fuerza un purgado que un aficionado: reparte por igual madrazos que elogios, según la ubicación de su equipo en la tabla.

El hincha es un tránsfuga globalizado. Es hincha aquí y en Cafarnaún. Donde esté, tiene que estar padeciendo las penas y alegrías que le provoca su equipo. La calma no es su fuerte; vive de la zozobra, el estrés, la adrenalina.

En el caso colombiano, si usted es de Medellín, el menú de opciones incluye al Poderoso Independiente Medellín y al Atlético Nacional,  mi equipo desde que Dios andaba de pantalón cortico. Ah, y el Envigado donde jugaba para el Andalucía que dirigía el Ronco Martín Uribe. Y las Águilas-Rionegro, y más recientemente Leones, de Itagüí. (Lea la columna).

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