Del pasado al presente, solo discursos y promesas


Vale recordar que cuando Fajardo y sus amigos irrumpieron en la política de Medellín lo hicieron con la premisa de que todas las anteriores administraciones estaban marcadas por el signo de la corrupción, desgreño y mala gerencia. Por eso su discurso siempre ha giró alrededor de gobernar con austeridad, honestidad y transparencia. Desde este punto de vista todos los alcaldes anteriores quedaron bajo sospecha, y así le ocurrió al gobernador Luis Alfredo Ramos (foto) cuando entregó la Gobernación de Antioquia, luego de una reconocida labor, por eficiente y clara.

La campaña de Fajardo para llegar a la Gobernación resultó exitosa con el mismo libreto y no había transcurrido el primer trimestre de su desempeño como Gobernador, cuando publicó el denominado “Libro Blanco”. Como sostienen los analistas, “un montón de insinuaciones de actos de corrupción sin ningún fundamento, escrito solamente para estigmatizar a su antecesor y conseguir condenarlo mediáticamente. Por eso los organismos de control no encontraron un solo hecho que ameritara apertura de procesos y menos aún de condenas, pero el daño moral estaba hecho y el fajardismo una vez más había aprovechado la denostación y la calumnia como arma para conseguir votos”.

 

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